Una especie de ventisca se produce en cuanto la bruma negra abandona el cuerpo de Zadkiel, la energía golpea a todos, Arina introduce su mano en la abertura que ha creado su guadaña en la anatomía angelical para desprender de su cuerpo –y enviarla directamente hacia Cahek- esencia luminosa del mismísimo Abismo; el cuerpo de Zadkiel cae estrepitosamente al suelo, antes de que su cabeza termine en el pavimento la rubia logra alcanzarlo y colocarlo con cuidado en el mismo mientras revisa sus signos vitales. El rostro del chico luce cansado, como si hicieran años que no sale a la luz del sol, apenas y puede abrir los ojos pero al hacerlo sonríe levemente trayendo un poco de alivio a su compañera. ― Gracias a Dios, estás a salvo ― susurra la rubia abrazándolo con fuerza y contra su cuerpo. ―

