Capítulo 8: Con el fotografo Al día siguiente llego a las oficinas antes que nadie. Dante se ha marchado de viaje de negocios pero, de todos modos, no me quiero encontrar con ningún compañero. No quiero mirarlos ni que me miren. Camino de puntillas hacia la habitación del café. Lo preparo muy rápido y me sirvo una taza. Ni siquiera le echo azúcar porque me ha parecido escuchar a alguien. Al salir por la puerta, me topo casi de frente con uno de los compañeros. Me disculpo sin mirarlo. Sé que él se gira cuando yo sigo hacia mi oficina. ¿Se habrá corrido la voz? No, porque eso podría tirar por los suelos su reputación de haberse follado a la amargada. Una vez cierro la puerta del despacho, apoyo la espalda en ella y suelto un suspiro de alivio. No me da tiempo a dirigirme a la silla: l

