Capítulo 27: Recobrando la pasión —Me enciendes con tan solo tocarme, mi amargada —dice, jadeante. Introduzco la lengua en su boca, buscando la tibieza. En cuanto la encuentro, toda mi piel despierta. —Quiero que me hagas tuya —digo, casi suplicante. —Por supuesto, señorita Gloria —responde. Le muerdo el labio inferior con entusiasmo al tiempo que me lleva cargada hacia el dormitorio. Me deja en la cama con cuidado. Él se queda de pie, para quitarse la ropa. Yo me deshago de mi vestido a una velocidad asombrosa, y aprovecho para observar su perfecto torso. Me excita muchísimo ese tatuaje que tiene, así que en cuanto se coloca sobre mí, me lanzo a él y se lo beso y chupo con ganas. Recorro sus bordes con la yema del dedo hasta que aprecio que la carne se le pone de gallina. Lo miro

