Capítulo 35: El día es hoy Luego recuerdo que el espejo ofrece nuestros reflejos y suelto un grito. Dante se gira asustado y descubre a nuestro amigo, el cual se tapa los ojos. —¡Lo siento! —¿Pero por qué no llamas? —Aterrizo en el suelo para tomar mi vestido. Me lo pongo todo lo rápido que puedo, al tiempo que Dante me imita con su ropa. —¿Ya puedo mirar? —Luis aparta un dedo y, cuando se asegura que estamos decentes, retira toda la mano. Me sonríe—. Oye, que voy a llevar a tu hermana a casa. —¿Perdona? ¿No has bebido? —Muy poco —responde. Arrugo las cejas. Lo miro a él y después a Dante, el cual se encoge de hombros. Me acerco a Luis y cruzo los brazos ante él. —Escucha, cuando dices que vas a llevar a mi hermana a casa… ¿A qué casa te refieres? —La voy a dejar en la mía.

