Capítulo 1.
El karma.
En estos momentos me estoy empezando a cuestionar sobre la idea de que esté año va ser una maravillosa experiencia. Mi mente solo está pensando en cuando terminará esta prisión. No sé cuándo tiempo ha pasado pero ya quiero irme de aquí. Mis ojos bailan mirando las manecillas del reloj, contando con el golpe de suerte que en un momento a otro, aparezca en mi el súper poder de mover las cosas con la mente y así lograr mover las manecillas del reloj que miraba con atención, engañando al profesor y salir libre del lugar y todos felices.
Wau, como si fuera a pasar eso.
Aunque era la última horas, mi estómago ya había empezado a entrar en desesperación por comer algo y mi ansiedad aumentaba muy notablemente por querer salir si es posible a la fuerza de lugar.
El profesor se encontraba todo inspirando hablando y hablando como si su boca nunca se secara. Lo único que podía ver era su boca moviéndose, articulando palabras que no logro escuchar sonidos, llegando a pensar que me había quedado sorda de aburrimiento. Mis ojos toman un descanso diría yo de mirar al profesor y al reloj que alimentaba mi ansiedad de querer libertad. Tengo a mi amiga a mi lado haciéndome voltear de vez en cuando para hacerme reír de sus estupideces.
Eso era lo único que me alegraba y me mantenía sobreviviendo y a flote de esta pesadilla que estoy viviendo. A sus locuras yo también respondía en forma de señas para poder matar el tiempo y la dos no sentirnos tan aburridas pero durante todo el rato desde que comenzó la charla del profesor pude sentir una sensación que me erizaba la piel, llenando de varios escalofríos. Como si fuera una mirada que estaba puesta en mí.
No me atrevo a voltear. Si, lo sé. Soy cobarde pero ¿Qué harían en mi lugar sí sintieran una mirada así luego resulta ser una asesino en serie?. ¿Mmm?
Bueno tampoco así, tengo que dejar ver serie de ese tipo.
Las horas pasan y pasan, llevándose consigo un buen rato, pero aún seguía sintiendo en peso atrás de mi espaldas, la mirada. Mi cuerpo se mantuvo tenso en toda la clase.
Toma la decisión por fin de apoyar mi codo en la orilla de la ventana, la que tenía al lado a mi disposición desde que me había sentado a escuchar la grandiosa historia de las vacaciones con su tanga del profesor. Coloco mi cara sobre la palma de mi mano con los ojos mirando hacia afuera donde estaba mi dulce, dulce libertad. Mi mente viaja a varias cosas a la vez. El mundo, en este momento no existe solo yo y mi viaje a mis recuerdos.
No sé cuándo ni cuánto tiempo fue, bajo mis ojos hacia la mesa encima de piernas una sobra de una figura delante de mí, mis ceño se frunce sin entender hasta que de golpe mi mundo de desequilibra, trayéndome de nuevo a la realidad. Apagando consigo el censor que enciende y apaga mis pensamientos.
Mis ojos suben lentamente desde el torso de la sombra grande frente a mi, dando con su estómago, brazos cruzados a la altura de su pecho, pecho, garganta y por último barbilla y su rostro. Acabando de llegar a los ojos de profesor que me miraba con desaprobación hacia mí.
— Señorita Ramírez, usted me puede explicar ,¿por qué no estaba prestando atención a mi clase? – en su voz también se pueda escuchar su desaprobación y firmeza. Mis ojos se quedan solo mirándolo con aburrimiento pero sin saber que decir para salir de esta.
— Yo ... — empecé a decir pero el sonido que tanto esperaba sonora justo a tiempo antes de morir en el intento.
¿Finjo con cara de borreguito regañado o digo la verdad sobre que está clase me aburría más que su cara su patética charla?. Nah, hoy voy por la primera. Es hora de show. Me transformó en mi persona dejando salir un pequeño suspiro de desgano entre mis labios, bajos mi mirada a la mesa, observándola un rato más antes de no volver hablar.
–Lo siento, profesor. Pero está seguro que au clase no fue solamente una charla en vez de algo como tal respecto al tema. - está vez lo agarre fuera de base. Porque era verdad, se la paso dando la "bienvenida" y luego contando con orgullo como había conseguido ese bronceado de surfista en su piel. Mientras relataba entre líneas como disfruto con su esposa.
– Que no se vuelva a repetir - me advierte y con toda la dignidad del mundo, dio media vuelta despidiéndose con velocidad impresionante deja el del salón.
Oh vaya, tenía que utilizarlo más seguido.
-Uff chica, sí que tienes suerte - me dice la negra acercándose a mí. Cuando ella llega, ya me estaba acordando del puesto y me encontraba guardando mis cosas en mi bolso.
-Ay, si. Bueno, mi querida amiga - le respondo con la mayor tranquilidad del mundo. Por fuera, por dentro estaba pegando gritos, saltando como una loca desquiciada de un manicomio.
– Tienes que enseñarme tus habilidades ¿ Nos Vamos? - me pregunta y asiento con la cabeza, afirmando su pregunta de ir cada una a su casa.
Pude sentir como mi cuerpo se empezaba a relajar al notar que desapareció esa sensación que alguien me miraba intensamente de hace rato. Ya podía volver a respirar con tranquilidad.
Desde que cruzamos por la puerta del salón hacia los pasillos. No podía dejar de pensar en una respuesta que estuviese acorde a lo que estaba pasando. Debatiendo entre mi misma que podría llegar hacer lo que me estabilizó de esa manera.
– Tranquilízate, morena.
Volteo a verla cuando se que ella sigue caminando con la vista al frente. Justo cuando ya estábamos acercándonos a los locker.
-¿Eres bruja o qué? - digo con una voz entre impresionada y confundida. ¿Acaso estaré pensado en voz alta?
-Mmm nop, pero te conozco ,Eli y se que algo te pasa para que reacciones así. - sin dejar de impresionar cada día más este ser - ¿o me equivoco, querida?
-Bueno ... Tienes razón.
Abro mi locker para guardar mis libros que tenía en mi bolso adentro del compartimento. Puedo ver cómo ella me mira detenidamente esperando una índice o algo de lo que ocurre. Pensé que iba quedarse, mirándome todo el día pero de golpe quita su mirada encima de mi y abre su casillero.
-Yo siempre tengo la razón - su voz de arrogancia dramática no pasar desapercibida. Ruedo mis ojos con una pequeña sonrisa que adorna mis labios estando cerrados todavía.
Termino de guardar mi cosas adentro del compartirme y cierro mi locker.
-Si claro, Doña Mercedes. - me volteo con una sonrisa de burla.
-¡Hey!, Te he dicho varias veces que no me llames por mi segundo nombre - me reprocha acompañándolo con puchero que al instante me hace reír rodando los ojos - sabe que me siento una monja cuando me lo dicen.
Creo que son cosas de ella nunca he entendido porque no le gusta su segundo nombre. Desde la conozco no le ha gustado que la llamen así. Me quedaré con la intriga de poderla entender por su incomodidad respeto a su segundo nombre.
Sin darme cuenta, ella empieza apresurar su paso dejándome unos pasos más atrás de ella, llegando a la salida primero que yo. Ruedo mis ojos a su niñera y empiezo a apresurar mis pasos para llegar hasta ella. Ya sintiendo la brisa fresca de la libertad que tanto tengo añorada. Cuando me chocó contra duro y algo fuerte, que me hace salir con quejido de dolor y por el mismo impacto caerme de culo al suelo.
Que bonito.
-Ten cuidado por dónde caminas - digo en forma de regaño a la persona que me hizo caer al suelo, sobándome mi trasero con mi mano. El pobrecito a salido herido, y todo eso con mis ojos cerrados y por supuesto. Molesta.
Es que en enserio, está gente de hoy en día creen que la carne de burro es transparente o algo así .
No tenía que abrir los ojos para saber que su mirada estaba puesta en mi fijamente, tenía un aire frío, secamente cortante. Sin ningún hilo de emociones latentes en el. Como si fuera de hielo. Sus ojos no me dejaban de ver mientras yo estaba esperando una respuesta algo de él. Solo lo que recibí fue silencio. Mi culo en el piso sucio y su mirada matadora en mi. Que lindo.
-Fuiste tú qué estabas distraída - me lo dice con una voz fría cuando por fin se a dignado a hablar. Una respuesta seca, cortante y corta escuchan mis oídos. Estaba apunto de reprochar cuando me quedo impactada en mi lugar. Abriendo mis ojos de golpe mirando al suelo. No solo fue la frialdad de su voz su no lo áspera y roca que se escuchaba. Saliendo de impacto vuelvo a poner mi mala cara y molestia vuelve a mi
Últimamente he estado en mi propio mundo, perdida en la nebulosa.
Era cierto que he estado distraída, muy distraída últimamente pero no lo iba decir en alto, y menos a un desconocido que con su cuerpo me lanza al suelo.
-Ajá, como sea. - digo de mala gana apunto de apoyar mis manos en el suelo, cuando veo una sobra en el piso al frente de mi junto a una mano extendida. ¿Me estaba ofreciendo su mano?
-¿Te ayudo ?- Su pregunta fue la que me dejó más confundida de la que estaba, ahora dejando ver un rayito de preocupación en su voz al preguntarme. Subo mis ojos lentamente desde sus zapatos hasta llegar a su rostro y finalmente a sus ojos de color claros.
Al parecer con quién me estrellé ,es un chico guapo aunque no taaaaaan pero taaan guapo así pero si está entraba en la lista sin dudas de los chicos inacabables del condado. Su cabello oscuro que se encontraban rebelde sin preocupación hacia contraste con su piel clara bronceada, sus facciones eran pronuncias junto a unos labios finos que le quedaban bien con su rostro. Lo que más llamo atención fueron sus ojos de un color claro que jamás había visto. Era atrayente a la vista y exótico de ver. Me quedé envuelta, embelesada por el espécimen que tenía al frente sin acordarme que aún seguía en el suelo. Que me perdí en su mirada. Creo haberlo visto antes pero... ¿En dónde?. Su cicatriz, debajo de sus labios, se me hace muy familiar. Yo...
-Hey, ¿quieres mi ayuda o no? - y ahí se fue la magia de chico caballeroso, mis queridos amigos. Su voz me hace reacción, trayéndome a la realidad. Acordándome de mi dolor y de la situación a al que estamos sacándome de mis pensamientos. Debatiendo conmigo misma internamente en aceptar o no que al final de mala gana acepto su mano
-Si,si - su mano estaba agarrando la mía con fuerza, ayudándome a levantarme de suelo. La suelto como si quemara tacto al recordar que me estaba tocando y limpio la suciedad que tiene mi pantalón al caer. Mi mirada viaja al suelo para poder hallar mis pertenencias y lo encuentro cerca donde caí mi bolso. Me agacho para poder alcanzarlo y guindarlo para llevarlo puesto donde lo tenía antes del accidente, en mi hombro colgando. Listo para seguir con mi camino, que me enderezo y volteo para buscar al chico antes de irme - grac...
Las palabras atoradas en mi garganta, sin terminar de salir al darme cuenta que me había quedado sola. Confundida lo busco con mis ojos por todo el panorama pero encuentro lo mismo que la primera vez que lo busque. Nada. Se ha ido.
Nunca voy entender a los hombres de verdad.
Dándome por vencida, giro entre mis tobillos para seguir con mi camino en búsqueda de mi libertad antes que alguien nuevamente me interrumpa conseguirlo.
Cruzo la puerta saliendo hasta el estacionamiento con una sonrisa en mis labios.
¡Lo hice, libertad!
Que dramático, lo sé, pero tenía que hacerlo.
Logré estar en esa prisión por todo la mañana, eso se debe de felicitar con Un Oscar.
No tardó mucho en encontrar a mi amiga parada un poco más al frente de mi, por lo que camino hacia ella para alcanzarla.
-Negra, no puedo creer aún existan persona como...- me detengo cuando noto que su atención no está en mi si no en el punto fijo en el atiene su mirada puesta.
-Mira allá. Dos y quince — me susurra y volteo para saber que es lo que le impide no prestar atención a mi queja por mi dolor de culo, llevo mis ojos donde lo tiene puesto ella cuando logro entender su perdida de concentración.
No me gusta para nada lo veo.
Mi acosador.
***