Tres días después. Riad. Día de la restructuración de gobierno. La agitación de Sashad se volvió densa. Estaba dormida, pero era costumbre que tuviera pesadillas de vez en cuando. «—Debes saltar… —ella miró la pendiente. Tenía sus rodillas raspadas, una lesión en su muñeca, y todo un día de entrenamiento. Este era su cumpleaños número quince, pero su padre no había aparecido ni una vez. Tenía frío, estaba cansada, y falta de sueño como por tres días. Su cuerpo estaba tembloroso, sabía que no podía resultar. Este salto iba más allá de sus capacidades. —Creo que… no voy a lograrlo —Su maestro asechó su espalda con un látigo. —Esa palabra no existe en tu vocabulario —Y Sashad retuvo las lágrimas. Si ella dejaba caer una sola en su mejilla, su castigo sería peor. Ella corrió

