—¿Este te gusta? Parece que es el que has elegido… —Sashad miró a Aisha mientras Jade le sonreía y preguntaba al mismo tiempo—. Aisha no es una dictadora, puedes elegir el que te guste, ¿verdad Aisha? Aisha afirmó lento, y detalló el vestido que Sashad había escogido. Era precioso, pero a ella debía vérsele magistral. Tenía mangas, se tallaba a la figura, era entre plateado con brillantes, y se soltaba en las rodillas como una sirena. —Se te verá precioso, Sashad… resaltará tus ojos… ¿Estás segura de que no quieres casarte? Porque tendrás una larga fila… —Jade jugó con ella, y Sashad observó a Aisha que sacudía su vestido. —¿Kaled te dijo al fin que color prefiere? —interrumpió y Jade se giró con el ceño fruncido. —Pensé que te llamaba para eso… —Aisha parpadeó y luego sonrió.

