Kendra sintió ganas de ir al baño. Caminó lento, entró y nuevamente se miró al espejo. Suspiró y cerró los ojos por un momento. Al abrirlos, vio a Jason en el espejo, sonriéndole, con algunas bolsas negras debajo de sus ojos y con algunos rasguños y moratones. Aun así, era perfecto. Kendra extendió una de sus manos y le tocó, parecía tan real que podía sentir la piel suave de Jason bajo la palma de su mano y su sedoso pelo. Cerró los ojos imaginándose que quién de verdad estaba allí era su amado, que no era solo una ilusión. Le pidió perdón en un susurro, vio como Jason le sonreía y le aseguraba que estaba perdonada. Kendra comenzó a llorar. Un huracán de emociones gobernaba en su interior, pero la que reinaba en ese momento, definitivamente era la angustia. ¿Angustia? Sí, le preocupaba

