La semana transcurrió y Laura iba de camino al tribunal. Sus manos sudaban y temblaban, y su corazón latía con brusquedad. A pesar de que Kevin fue un pesado durante toda la semana, esa mañana se levantó muy cariñoso y comprensivo. Iba sentado junto a ella en la parte de atrás, mientras que un chófer conducía el vehículo y su padre iba de copiloto. Él sostuvo sus manos temblorosas con ternura y acarició su hombro para que ella se relajase. Llegaron al lugar y Laura sentía que dejaría de respirar en cualquier momento. Un nudo se formó en la boca de su estómago y hasta le dio ganas de ir al baño. —Tienes que calmarte, Laura. —Kevin masajeaba sus hombros. Estaban fuera de la sala donde juzgarían a Frank. —Laura —Esa voz le era familiar, pero la persona frente a ella no concordaba con el son
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