Tezza sirvió el desayuno de su hermano en cuanto este se sentó en la mesa y se le quedó mirando fijamente tras encontrarse con unas horribles ojeras. —Te ves como la mierda —comentó sentándose frente a él. —Lo sé —se quejó Tristán, pasando cansadamente sus manos por su rostro—. Pero no es necesario que me lo digas tan rudamente —refunfuñó. —Lo siento, solo... ¿Por qué te ves tan mal? —preguntó, frunciendo el ceño—. ¿Acaso alguien te está molestando en el trabajo? ¿Estuviste abusando de tu poder? —cuestionó. —No es eso exactamente —suspiró y tomó su vaso de zumo para beber un trago—. Es solo que las emociones en el restaurante han estado volando por todos lados últimamente y sabes como soy de sensible a ello cuando son del tipo malas, sin importar si utilizo o no mi poder, de igual form

