—Pero estoy bien, abuela —insistió tratando de sonar calmada, le costaba fingir sosiego, normalidad. Luego de la loca pesadilla que había tenido. —No parece, mi niña. Mírate nada más —señaló aproximándose con mucha inquietud, la inspeccionó y finalmente le dio un cálido abrazo. —He tenido una pesadilla, creí que moriría, todo era tan absurdo, pero se sintió de verdad —dio un largo suspiro, su corazón iba cada vez más, en una agitación superior. —Imaginé eso, ¿estás bien? —Sí —emitió casi sin poder respirar. —De acuerdo, deberías bajar a cenar, ya anocheció. —¿Se ha ido Abdel? —curioseó. —Sí, hace mucho. —Y... ¿ya hay alguna novedad sobre Burak? —No, aún no, Milenka. —inspiró —. Anda a ducharte y luego vienes a comer. No le quedó otra opción que asentir, obedecerle. Sali

