—Mamá… —Lo sé todo, maldita sea, ¡sé lo que está ocurriendo y con quién estás! —empezó a vociferar, dejándola muda. —No sé de qué hablas —trató de igualar el tono con dureza. Ella era una despiadada mujer, de eso no había ninguna duda. —¡No te hagas, maldita zorra! ¿Es en serio, Milenka? Te has revolcado con ese hombre adulto, tu profesor, encima, eh —le sacó en cara, fuertes declaraciones que cada vez más le alteraba la presión y enfurecía los latidos desbocados de su corazón. Tragó grueso —. Es que no es posible, ahora estás con él, porque aquí sabes que nunca jamás serás buen recibida. ¡¿Me has entendido?! —No me interesa, no pensaba regresar de todos modos, y sí, estoy en una relación con él, es lo único bueno que e ya pasado en la vida. Saber que no volveré a verlos, me alivia,

