Dos horas después, el doctor Jones apareció, su rostro era indescifrable. Milenka no supo qué noticias traería, así que se puso en pies y se le acercó con urgencia. El resto también, a la expectativa de lo que diría el especialista. Ya su corazón bombeando con fuerza, latidos descontrolados y cansado, no podía detenerse, iba con prisa. Sus temores más escondidos estaban a flote, así como los nervios a flor de piel. Tragó duro, debía enfrentarse a la cruda realidad. Buscando la verdad en esos ojos que la miraron directamente antes de hablar. Le pidió, rogó incesantemente al cielo que todo hubiera sido exitoso. —¿Cómo está él, doctor? —inquirió urgida. Todo su ser estaba completamente asustado por saberse en un panorama terrible se imaginaba lo peor porque sabía que ese tipo de cosas era

