Bajo de la tarima y recibo el abrazo de mi madre y de mi padre. —Lo hiciste maravilloso, hija, ¡estoy muy orgulloso de ti! —¿Cómo lo hice, abuelo? —¡Muy bien, mi amor! En el futuro serás tú quien dirija esta empresa. —Alexander y su familia tienen una cara de velorio; estoy seguro de que no saben cómo acercarse hasta nosotros. —Si saben lo que les conviene, deberían mantener sus distancias; no son tontos, seguro están pensando en qué excusa inventar para justificar su bajeza. La próxima semana se acaba el trato y los echaré de mi empresa sin piedad; esto solo fue la primera advertencia. —¿Cómo te sientes, hija? —Muy bien, madre, debo decir que esto es el final; por fin puedo quitarme esa carga encima. Si hubiese sabido que esta era la solución para todos los problemas, hubiese re

