Me despierto y mi mujer aún sigue aferrada a mi pecho; no sé en qué momento de la noche su pequeña bata se subió y mi mano estaba justo sosteniendo su hermoso trasero… Me moví un poco para estar más cómodo. —Amor, no te muevas, tengo sueño. —Mi esposa se quejó y yo sonreí porque ella es un poco dormilona; yo suelo madrugar todos los días, así que como no podía levantarme ni moverme sin molestar a mi esposa, decidí seguir durmiendo. —En algún momento me di la vuelta porque tenía calor; mi esposo es muy caliente y él, muy descarado, metió su mano por dentro de mi bata y tomó uno de mis pechos en su mano. —¡Esta posición me gusta más! —Ja, ja, ja, ¿qué te gusta más, tomarme el trasero o los pechos? —¡Las dos cosas! —¡Qué descarado eres! Siento su dureza en mi trasero, así que si empiezo

