Capítulo 9

1052 Palabras
HARRY'S POV:   ¿Qué demonios era esa cosa?   Mi madre cocinaba todas las mañanas, o bueno, hacía el intento. El punto era que, al final de todo, su comida apestaba y era preferible comer algo en la escuela. Normalmente le gustaba hacerme sufrir con "sándwiches", "cereales" hechos en casa, y cosas por el estilo que a ella misma le gustaba inventar.   Pero con esto ya se había pasado de la raya.   ¿Por qué mi comida se movía sola? ¿Era puré o crema? Preguntas existenciales que prefería no preguntar, o más bien: prefería no escuchar la respuesta.   —¿Qué pasa, hijo? ¿No tienes apetito?— cuestionó mi madre que me veía observar con asco el plato de comida.   —No, es que… le prometí a los chicos que comería el desayuno con ellos hoy en la escuela, así que… mejor guardárselo a Jade— dije con una sonrisa maliciosa al final de la oración.   Que sufriera la muy ñoña.   —¡Tienes razón! Jade debe tener hambre, ¿sabes dónde está?— cuestionó ella con una sonrisa gigante en el rostro.   —Se fue al piso de arriba, según ella debía limpiar las gafas— respondí yo, aunque sabía que era mentira.   Llámenme egocéntrico, pero sabía perfectamente que se había ido a su habitación para que no notara que la ponía nerviosa. Ponía así a las chicas, ¿qué se le iba a hacer? Tan sólo halagaba a una y ya la tenía en la palma de la mano.   —¡Buenos días!— exclamó la madre de Jade entrando a la cocina.   Dios, esa señora sí que estaba buena.   Ella era mayor, lo sabía, y no estaba esmerado en salir con ella o algo por el estilo. Pero el cuerpazo de esa mujer era una delicia. Y no lo podía negar.   —Buenos días, Anny— saludó a mi madre cariñosamente—. ¿Lista para hoy? Empieza el viaje— dijo emocionada.   Mi madre se limitó a sonreír.   —Ah, buenos días, guapo— me saludó la madre de Jade y me plantó un beso en la mejilla.   —Buenos días, señora— sonreí torcidamente.   —Señorita Marie— me corrigió—. Si no, me siento vieja— rió simpática y cogió un vaso para luego llenarlo con bebida.   —Pues entonces: buenos días, señorita Marie. Disculpe, pero no quería faltarle el respeto— dije yo sonriendo un tanto coqueto y le di un sorbo a mi vaso de bebida.   —Awww, eres un amor. Serás un perfecto yerno— comentó ella y yo casi me atraganté con el líquido.   Tosí fuertemente intentando recuperar mi respiración regular.   ¿¡Perfecto yerno!? ¿¡Qué rayos estaba intentando decirme con eso!? ¿¡Qué se creía esta señora que venía a decirme algo así mientras desayunaba!?   —Disculpe, pero… Creo que se equivoca, su hija no me interesa— dije con menos tos y sonriendo un tanto divertido.   Ella me observó con esa típica expresión de interrogación.   —Yo no dije nada sobre mi hija. Me refería a que tratas muy bien a las demás madres, tan sólo eso— comentó sonriendo entretenidamente al final y le dio otro sorbo a su bebida.   Intenté no sonrojarme. Definitivamente la presencia de Jade me estaba poniendo más estúpido de lo que solía ser.    Tomé otro sorbo de mi bebida y vi a Jade que entraba a la cocina. Hablando de la ñoña de Roma…   —Hola, mamá— saludó a su madre con un beso en la mejilla.   —Hola, Poopey. Qué linda te ves en esa ropa— sonrió encantadoramente en respuesta provocando que Jade se sonrojara.   Un momento, ¿esa era su típica reacción ante cualquier halago, proveniente de cualquier persona? ¿Se sonrojaba y ya?   —Ay, cariño, pero no te sonrojes— rió Marie.   —Perdona, pero me da tanta vergüenza tener que ir usando esta ropa— cortó ella y se sentó para comer el plato de comida que le había servido mi madre.   —¿Por qué, linda?— cuestionó su madre.   Jade la fulminó con la mirada y Marie no volvió a hablar más del tema.   ¿Por qué? No tenía ni la menor idea. Sólo se me venía a la cabeza que le daba vergüenza porque nunca usaba esa clase ropa y siempre se dedicaba a usar unos pantalones holgados y camisetas largas.   Jade en realidad no era para nada femenina.   —Disculpen, pero no tengo apetito— dijo Jade dejando toda la asquerosa comida de mi madre sobre la mesa—. ¿Nos vamos?— cuestionó volteando a verme.   No pude evitar sentirme intimidado cuando su mirada se cruzó con la mía. Sus ojos me hacían sentir… nervioso.   —No… em… es decir, sí… em… mejor vámonos— balbuceé estúpidamente y me levanté de mi asiento al mismo tiempo que Jade.   Todos salimos de la cocina y nos detuvimos en la sala de estar. Era la hora de la despedida. Dos semanas y media sin mis padres… Ay, qué pena, ahora podría hacer fiestas, no volver a casa hasta tarde y traer a las chicas que quisiera. Ah, qué horror.   Mientras Jade y su madre se despedían cariñosamente en silencio, mi madre se acercó a despedirse de mí.   —Bueno, bebé, quiero que te cuides ¿de acuerdo? Primero: fiestas, sólo si Jade está de acuerdo. Segundo: no salgas tanto de casa, por favor. Jade no es de esas chicas que salen a fiestas y no quiero que se quede sola por tanto tiempo ¿de acuerdo?— dijo cariñosamente y yo asentí con la cabeza a pesar de saber que no cumpliría mi palabra—. Sé que no me harás caso, pero cuánto desearía que hicieras el intento— murmuró para sí misma y yo, en realidad, me sentí bastante ofendido.   Luego de aquella extraña despedida y un beso en la mejilla de parte de mi madre, Jade y yo nos subimos al auto y nos fuimos a la escuela.   Encendí la radio y dejé que la música country se escuchara por todo el vehículo. De acuerdo, debía admitir que esa clase de música no le gustaba demasiado a mis amigos, pero era country-rock, lo que lo hacía tener más ritmo.   —¿Country? ¿Country-rock? ¿En serio?— dijo Jade con diversión y rodó los ojos.   ¿Por qué ahora estaba en contra de mi música?   —¿Qué tiene de malo?— cuestioné sin entender.   —Pensé que escuchabas metal o algo por el estilo— comentó encogiéndose de hombros como si no fuera nada importante.   —Pues… no. ¿Te sorprende?— dije con una sonrisa inconsciente en el rostro.   —Me desagrada— respondió cortante—. ¿Tienes algo de Green Day?— cuestionó sorprendiéndome.   —¿Green Day?— repetí extrañado.   —Sí, ¿o ya estás sordo?— preguntó con ironía.   —Pues…— empecé a decir dándole a entender que no tenía nada de ese grupo.   Ella bufó.   —Da igual— dijo pesadamente y de volteó para mirar por la ventana todo lo que restaba de camino.   No sabía muy bien por qué, pero presentía plenamente que Jade Thirlwall no estaba exactamente en la palma de mi mano.   
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