Capítulo 7

1339 Palabras
—No— volví a negarme ridículamente y Harry bufó.   Llevábamos cinco minutos encerrados en mi habitación discutiendo sobre lo mismo. Que tenía que cambiarme de ropa, que si iba a comprar así lo avergonzaría y blah blah blah. No era mi problema, me gustaba cómo me vestía y si yo creía que andaba bien, pues estaba bien y fin del asunto.   —Te ves terriblemente horrible en esa ropa… Sin ofender— dijo Harry y yo alcé una ceja mientras me cruzaba de brazos.   ¿Sin ofender? ¿En serio? Este chico no tenía delicadeza para hablar.   —Necesitas verte más femenina ¿sabes? Como Amanda o… no sé… menos… tú— aclaró contento por transmitir la idea. Sonreí con sorna, intentando no perder los estribos.   —¿Sin ofender dijiste?   —¡Exacto!— exclamó él alegremente y yo suspiré.   Harold Styles… Eres oficialmente el chico más ridículo, estúpido, inepto, incorregible, insoportable e idiota de esta tierra. Sin ofender… ¡No hay quién lo aguante!   —Si lo haces dejaré que pases todo un día con Dusty— canturreó. Solamente para aclarar, estaba bastante consciente de que aquello era considerado chantaje.   —Bien.   ¡Todo por estar con el gato ninja!   —Predecible— comentó el simio con una sonrisa triunfadora. Resoplé, viéndolo caminar fuera de la habitación para darme privacidad. Engreído…   De acuerdo, a petición del muy imbécil simio, me vestí "femenina", o más bien: menos como yo. Unos jeans sueltos que eran de mi padre, mis zapatillas que eran imitaciones de Vans, mis gafas negras, y la camiseta menos holgada que poseía y que había comprado en una tienda de segunda mano.   Salí de mi habitación y encontré a Harry apoyado contra la pared. Me observó de pies a cabeza —poniéndome un poco nerviosa, he de admitir—, y se detuvo al ver mi camiseta.   —Me gusta— comentó con una sonrisa media torcida.   "I Hate You" era la oración que se leía en inglés en letras negras sobre mi prenda de vestir.   —Gracias. Si quieres te la dedico— sonreí sin humor. Harry soltó una carcajada irónica.   Salimos de la casa para comprar, dejando a Dusty durmiendo cómodamente en su cama, y caminamos hasta el supermercado. No hablamos en todo el camino, lo que sinceramente, y por lo que pude ver, a Harry le resultaba incómodo. Probablemente estaba demasiado acostumbrado a socializar con su grupo de amigos. A mí, por el contrario, mejor que no me dirigiera la palabra.   Cuando llegamos al supermercado, Harold sacó una lista del bolsillo de su pantalón.   —De acuerdo. Lo primero en la lista es crema para cocinar— dijo y nos dirigimos al pasillo correspondiente.   Salsa de tomate, leche, una… ¿una zanahoria? ¿Qué clase de supermercado era este? ¿Luego qué? ¿Encontraría comida de perro en el pasillo de los tarros en conserva?    —Lo siguiente…— dijo el simio idiota revisando nuevamente la lista— ¡Galletas!— y dicho esto, desaparecí de su lado en menos de un segundo, corriendo rápidamente al pasillo de galletas.   ¡Galletas! Galletas. Galletaaaaaaaaaas. Cuánto amaba a las muy bastardas. Eran tan ricas, deliciosas, ¡y con tanto azúcar! Me encantaban, me encantaban, me encantaban. Esas muy estúpidas eran las que me hacían perder la jodida cordura.   —¡Jade! ¡Jade!— escuchaba la voz de Harold buscándome por el supermercado.   ¿Yo? Yo estaba observando como psicópata las muy malditas deliciosas galletas. ¿Alguna vez han probado las galletas? ¡Son muy ricas! ¿Y el chocolate! Oh, yo con ese me casaba si es que Dusty no me aceptaba como pareja.   —Jade me tenías preocupado— comentó Harry al llegar a mi lado.   —¿Eeh?— cuestioné estúpidamente mirándolo de reojo. ¿Preocupado? ¿Dijo preocupado o estaba con sordera?   Él enrojeció al darse cuenta de lo que dijo.   —Es… es decir… me refería a… que pues… si te perdía de vista… mi—mi madre… o la tuya… básicamente…podían… ¿castigarme?— balbuceó concluyendo su frase más bien con una pregunta que una respuesta.   ¿De acuerdo…? Había dos inteligentes opciones:    Una: burlarme de él por ser tan idiota.   Dos: fingir que nada de aquello ocurrió y escapar de ese momento incómodo.   —… ¡Mira! ¡Galletas!— exclamé cambiando de tema radicalmente y él sonrió, volviendo su atención hacia las galletas.   Terminamos de comprar, evitando los momentos probablemente incómodos, y luego de que Harold pagara, nos dirigimos a casa en silencio, cargando cuatro bolsas cada uno.   Íbamos a la mitad del camino cuando… mi fuerza no fue suficiente. No le había dicho a Harry, para hacerme la fuerte, la valiente y la que se puede todo… Pero, en realidad, mi cuerpo estaba sufriendo por tanto peso que llevaba. Yo no era exactamente esa chica que iba al gimnasio todos los días y tenía músculos para cargar un camión. No. Yo era… la chica fideo. Esa chica Peter La Anguila pero en femenino.   ¿Qué pasó? Pues… me caí de trasero por no poder soportar tanto peso. Sí, me caí al piso.   La risa de Harry me hizo fulminarlo con la mirada y me dieron ganas de matarlo en ese mismo momento.   El muy simio… haciéndome quedar en ridículo a la mitad de la calle. Aunque caerse de trasero, supongo que lo valía.   —Ven, te ayudo— dijo Harry divertido extendiendo su mano para que me levantara.   Me hubiera negado si hubiera sido de esas chicas fuertes que no necesitaban ayuda para nada y que eran independientes en todo aspecto… Pero me dolía el trasero y necesitaba ayuda para levantarme del piso.   Acepté su mano y me levanté.   —Gracias— dije volviendo a coger las bolsas.    Sólo quedaba medio camino, no podía ser tan difícil.   —Miren, la señorita arrogante sabe dar las gracias— bromeó Harold sarcásticamente y yo lo fulminé con la mirada.   Él rió levemente.   —Tranquila, tranquila… A ver, déjame y te ayudo— y dicho esto de su parte, tomó dos de las bolsas que llevaba yo y terminó llevándolas él.   ¿De acuerdo…? ¿Qué rayos le pasaba a Harry hoy…? ¿Andaba caballero o…?   Descarté de inmediato de mi cabeza otra opción que no tuviera que ver con el hecho de que Harry andaba así por carecer de neuronas y ser un extraño simio sin sentido o lógica.   Llegamos a la casa, dejamos las bolsas en la cocina, y nos fuimos a sentar en el sillón agotados.    Nunca más volvía a ir al supermercado. ¡Fue horrible!   —Estoy agotado— comentó Harold mientras tomaba entre sus manos el control remoto.   —Yo igual. Creo que me iré a mi habitación a descansar un rato y a pasar un tiempo con Dusty— dije levantándome y caminando en dirección a mi habitación.   Llegué a mi cuarto y noté que Dusty estaba sobre mi cama durmiendo. Una sonrisa se posó en mi rostro. Me cambié de ropa por una más cómoda, me subí a la cama y gateé hasta donde estaba Dusty descansando.   Era un gato tan tierno.    Un ronquido se escuchó de su parte.   Awww. ¡Y además roncaba! ¿Cómo no amarlo?   Me quedé dormida a su lado sin darme cuenta. Lo que me despertó… fue el timbre de la puerta de entrada.   ¿Quién sería?   Observé mi reloj. ¡Había dormido tres horas seguidas!   Y pensar que yo no era de la clase de persona con el sueño pesado.   Me levanté de la cama, bajé las escaleras, y noté que Harry estaba dormido en el sillón roncando como en orquesta. Suspiré y cogí una manta que había por ahí. Con la manta cubrí a Harry y luego me dirigí a abrir la puerta.   Sí, ya, había sido simpática con el simio. ¿Y qué? Estaba dormido. Además era devolverle el favor de haber sido tan simpático conmigo aquel día.   Abrí la puerta y detrás de esta apareció mi madre y los señores Styles. Entraron luego de habernos saludado cortamente, y nuevamente iba subiendo las escaleras en dirección cuando escuché la voz de Anne.   —¡Awww! Mi bebé se ve tan hermoso durmiendo— comentó enternecida.   ¿Hermoso? ¡Estaba roncando! ¿¡Es que era sorda!?   Seguí subiendo las escaleras mientras criticaba a todo este extraño mundo que encontraba lindo a Harry Styles, me encerré en mi habitación y me lancé hacia la cama.    Sólo quería dormir, dormir y dormir. ¿Desde cuándo me había vuelto tan floja? Suspiré. Me estaba volviendo un desastre en esa casa. Tal vez el ambienete me hacía efecto, o la flojera del simio era contagiosa.   Alguien golpeó a mi puerta.   —¡Adelante!— exclamé dejando pasar a quién fuera.   Me daba igual. Además tenía flojera de levantarme a abrir.   La puerta de abrió y detrás de esta apareció mi madre. Arqueé una ceja. Ella me debía contar algo, ¿no? Una noticia…   —¿Y la noticia?— cuestioné despreocupada.   Mi madre tomó aire. —Me iré de viaje con los señores Styles.
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