Capítulo 3

1416 Palabras
¿Nos equivocamos de casa? Mamá, psst, dime que esta no es la casa. Pero al parecer mis mensajes y súplicas mentales que le enviaba a mi madre telepáticamente no funcionaban en lo absoluto. Maldito sea el día en que mi madre no pagó la renta, maldito sea el día en que el taxista nos condujo hasta aquella dirección, maldito sea el día en el que conocí a ese chico que estaba al otro lado del marco de la puerta, y de paso, por qué no, maldito sea el día en el que comí esos estúpidos frijoles que me cayeron como bomba al estómago. Mi madre ignoró mi expresión de horror que debía estar presentando en ese minuto, y continuó saludando alegremente a su amiga y al esposo de esta última. Mientras que yo estaba ahí, parada como idiota, mirando a aquel chico con quien viviría por un indefinido tiempo y con quien compartiría casa. Tenía que ser una mala broma. Parecía un sueño, en el mal sentido de la palabra, sinceramente saber que viviría con él desde ese entonces en adelante era una verdadera pesadilla. ¿Quién quería, en su sano juicio, estar en la misma casa que la persona que te hizo y te seguía haciendo la vida un infierno?No tenía previsto que el hijo de quien hablaba mi madre se trataba de este chico en particular. ¿Lo que suponía yo? ¡Pues que iba a ser un niño de dos años que se comía los mocos, un pre-adolescente con acné o un adolescente que por lo menos no fuera a la misma secundaria! Y ahora resultaba que era uno de los chicos más deseados por las chicas de la escuela y, por supuesto, el más arrogante. —Esta es mi hija, Jade— me presentó mi madre haciéndome salir de mis pensamientos de auto-destrucción. Sonreí, tratando de aparentar que estaba bien con esto y que no quería combustionar en pleno recibidor. —Un placer— los saludé a los tres inclinando levemente la cabeza. Al menos debía ser amigable con las personas que nos darían refugio por un tiempo ¿no? —Un gusto conocerte, Jade— me sonrió la amiga de mi madre—. Y bueno, este chico de aquí, es mi bebé, Harry. Intenté reprimir una carcajada ante la presentación. Jamás me habría imaginado que la madre del mismísimo Harry Styles, el popular de la secundaria, lo andaría llamando bebé ante cualquier persona. Harry fulminó con la mirada a su madre. —¿En serio? ¿Bebé? ¿No crees que ya estoy grande para eso?— le preguntó a su madre malhumorado. Ella soltó una risita juguetona en respuesta. Luego de esas extrañas y entretenidas introducciones, los Styles se hicieron a un lado para dejarnos entrar a su casa. Mi madre soltó un suspiro encantado al ver el interior. De acuerdo, para una chica que vivía en un pequeño departamento y que con suerte sabía lo que era tener un sillón, la casa de los Styles era increíblemente asombrosa. ¡Parecía una mansión! Me habría quedado ahí a vivir toda la vida si hubiera sido necesario.  —¿Les gusta?— cuestionó la madre de Harry con la mejor de sus sonrisas. Mi madre la miró a los ojos con su sonrisa de comercial.   Vaya, esto parecía un concurso de sonrisas más bellas. La sonrisa Colgate contra la de Pepsodent. ¡AND FIGHT! Gritaba mi mente y luego me reía interiormente yo sola por las estupideces que se me ocurrían. Jade, con los pies en la tierra, por favor; dijo mi vocecita interior y por un momento en el día dejé mis pensamientos a un lado.   —Me encanta— respondió mi madre ante su pregunta.   —¿Y a ti, cariño, te gusta? — me preguntó amablemente la madre de Harry, de quien por cierto no sabía ni el nombre… Mala madre la mía, ni siquiera me había nombrado a su amiga.   —Me encanta, señora Styles— le sonreí improvisando a último momento llamándola por el apellido.   —¡Oh, no! No me llames Señora Styles, me hace sentir anciana… Para ti, linda, soy simplemente Anne— dijo ella sonriéndome abiertamente. Dios, qué simpática era, ¡era un amor de persona!   Minutos después de habernos enseñado nuestras habitaciones y el resto de la casa, mi madre y yo fuimos a desempacar mientras que Anne preparaba la comida, y su esposo e hijo hacían quién sabe qué.   Estaba desempacando en mi habitación tranquilamente cuando escuché que la puerta se abría lentamente. Desconcertada, dejé mi poca ropa a un lado, y volví mi atención a la puerta abierta. Bueno, no todos los días hay un Harry Styles en el marco de la puerta.   —Hola— susurré bajando la mirada.   No podía evitar tenerle un poco de miedo y respeto, era el chico popular de la escuela, y siempre iba por ahí burlándose de mí. Ahora que compartíamos casa me sentía mucho más vulnerable a su lado.   —Vete— dijo serio y cortante. Alcé la mirada con sorpresa, sintiéndome ofendida por su manera de hablar.   ¿Acaso me había dicho…?   —¿Qué…?   —Váyanse de una maldita vez. No quiero que me relacionen contigo— dijo de manera tajante, para luego marcharse de mi habitación.   ¿Era mi idea o acababa de decir…? Oh, ese idiota… ¿Qué rayos le pasaba a ese chico imbécil por la mente? ¿Es que no comprendía que si nos sacaba de la casa mi madre y yo íbamos a quedar en la calle? ¡Además su madre y la mía eran amigas! Pero no, no y no, todo por ser popular. Me había comportado simpática hasta ahora, y él tan sólo venía y me decía que me fuera. ¡Ese chico me había insultado, humillado y hecho la vida imposible en la escuela! Pero yo, intentando ser madura, no hice el numerito de "Oh, él es tan cruel conmigo", haciéndome la idiota que ni sabe defenderse… sí, no hice el numerito. ¿¡Pero él sí hacía el "show" de que odiaba a la nerd de la escuela!? Sería tonto… No podía creerlo.   Reprimí las ganas de ir a su habitación, darle con una silla en la nariz y gritarle en la cara que era un completo imbécil —pues no ganaba nada haciéndolo y era muy tímida de todas formas—, y continué guardando mis cosas en el pequeño armario como una chica decente lo haría.   Luego de desempacar las pocas cosas que tenía guardadas en mi maleta, me saqué los lentes y me dirigí al baño privado que había en la habitación.   Pero, en serio… Todavía no me podía creer lo que me había dicho Styles. Ahí yo estaba pensando que tal vez nos podríamos llevar mejor por ser compañeros de casa, y este tipo viene y me dice que me largue. ¿Qué tiene en la cabeza? ¿Un maní? Pues debía de ser el maní más egocéntrico del mundo.   Me miré en el espejo luego de lavarme la cara. Te atreves a pensar que es un idiota y no eres capaz de decírselo de frente, me dije a mí misma al reflejarme en el espejo. Y era cierto, lo detestaba en silencio, pero era mejor así que decir lo que pensaba y terminar teniendo más problemas.   —¡Poopey!— me gritó mi madre llamándome desde el primer piso… Y Dios, qué vergüenza.    —¿Qué pasa, mamá?— pregunté bajando las escaleras.   Vi a mi madre, al padre de Harry, a Anne y a Harry sentados a la mesa. Parecía sólo faltar yo. Me dirigí al puesto vacío y luego de que mi madre me dijera que íbamos a comer, me senté en la silla desocupada.    A la mitad de la comida, la cual estaba llena de bullicio por culpa de mi madre y los señores Styles, un intento de no reír por parte de Harry me llamó la atención. Él se sentaba a mi lado por lo que no fue muy difícil hablar con él en voz baja.   —¿Qué te hace tanta gracia?— cuestioné escéptica y mirándolo con el ceño fruncido.   Harry dejó de reír, dejando ver una pequeña sonrisa que quedó como rastro de la risa, y me miró con esos feos ojos que a veces le quería sacar con una cuchara.   —Tu mamá te dice "Poopey"— se burló él. Yo fruncí el ceño antes de voltear y seguir comiendo. Harry soltó una carcajada.   —Y tu mamá te llama "bebé"— me burlé en voz baja, dejando que sólo él me escuchara.   Su risa murió abruptamente y Harry me observó enfadado, diciéndome con la mirada que yo era una tonta y que no debía volverme a burlar de él si quería ver la luz del sol de nuevo.   —Callada te ves más bonita— espetó. Bufé, rodando los ojos.   —Igual no sirve de nada pelearme con un simio— comenté para mí misma y seguí comiendo cabizbaja.   Definitivamente, ser agradable con alguien como Harry Styles no ayudaría en nada. Un simio siempre sería un simio; y la nerd siempre sería la nerd.
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