Ernesto no dijo nada en todo el camino. Hosanna tampoco dijo nada, ni siquiera quería mirarlo. Pronto llegaron a casa, ella bajó del auto, ni siquiera dejó que èl abriera su puerta y corrió adentro, no quería verlo para nada. Ernesto lanzó las llaves a su empleado y fue adentro, por su mirada todos sabían que estaba rabioso, que era mejor ni siquiera hablarle. Ernesto subió la escalera, escuchó la puerta de la habitación cerrándose. Respiró profundo, pero llegó hasta ahí. La puerta se cerró con fuerza detrás de él, provocando que la mujer tuviera un sobresalto, mirò sus ojos. —¿Qué hacías con ese hombre? Hosanna no podía creer su pregunta. —Ya te lo dijo èl, nos encontramos de casualidad. Ernesto dio un paso hacia ella, con los ojos severos. —Pero, yo no creo en las casualida

