Los azares del destino, en muchas ocasiones, son incomprensibles a cierta vista; pensamos o creemos que tal suceso, solo es un peldaño más, en la lista de desgracias que nos puedan suceder.
Había llegado un nuevo día, y con él, nuevos problemas para Margaret. Después de haber aceptado, ser la esclava de Ethan, Margaret tuvo que ceder sus caprichos, y ese día por la tarde, ella no tuvo más remedio, que actuar como una obediente sumisa para su amo. Así que esa tarde del jueves, Ethan persuadió a Margaret para que lo acompañara a la biblioteca, donde ella fue su dulce víctima. Para Ethan no fue difícil convencer a su maestra, ella haría todo cuanto pudiera, por saldar su deuda.
—¿Y bien, que tienes por decirme? —Margaret trataba de mostrarse fuerte. Sin embargo, en su interior se desataba una tormenta—. ¡Habla ya, no tengo todo el día!
—¿Se acuerda de lo que hablamos ayer?
—Sí, anoche no pudo dormir. Sabes muy bien que mi sueldo no es exorbitante, pero si me das cuotas aceptables, yo te pagaré, es más, si quieres te firmaré una letra de préstamo.
—Usted no me pagará con dinero, yo ya tengo lo suficiente. Mis añoranzas son otras, tome lea esto.
—¿Qué es?
—Analícelo en su casa, ya después me da una respuesta. Al pie de la primera hoja está mi número, y en caso de que no entienda nada también puede llamar a mi abogado, su número está al lado del mío.
—¿Debo asustarme?
—Para nada. Ahora salgamos de aquí, primero lo haré yo, y después tú, toma el pasillo que está a la izquierda, ahí encontraras un baño y podrás arreglarte.
»Ethan salió de la biblioteca de forma sigilosa para no levantar sospechas, mientras que Margaret, se fue directo a su auto. Mientras que Margaret, se llenaba de cuestionamientos: «¿De qué tratará esto?, ¿será beneficios para mí? Dios ayúdame. No tengo más opción que examinar estas páginas y así salir de mi duda.
Margaret se dirigió al parqueadero, se subió a su auto, y en el momento que ella quiso encender su auto, para irse a su casa y descansar, un mensaje de Ethan la detuvo.
«Te quiero ver en la mansión a las 8:00 pm, espero tu respuesta. Y ah, colócate el vestido más sexy que tengas, veremos si eres capaz de pasar tu segunda prueba, ¡Ah! Ven sin ropa interior»
—¡Oh, está loco o que! No iré, no lo haré, buscaré la forma de reunir ese dinero, y se lo pagaré, debo detener esto o perderé mi empleo.
Margaret condujo hasta su casa, llego con la fuerte convicción de que no iría al encuentro, tomo una ducha, comió algo ligero, y después comenzó a verificar los documentos que le habían sido entregados:
»Contrato de Sumisión. Yo, en nombre propio———————————, soy consciente de todos los deberes que se me asignan, al sumir mi rol de esclava s****l.
»Inciso 1: Deberes de la Esclava:
(A) Desde el momento uno, ella pasará ser propiedad de su Amo, por lo cual, no habrá objeción alguna, cuando este desee tomarlo.
(B) Los juguetes sexuales, serán implementos del día a día, si la esclava se rehúsa a no usarlos, será castigada fuertemente.
(C) La esclava, deberá entrar a un riguroso plan de anticoncepción, el cual, será, estrictamente, vigilado por su Amo.
(D) El cuerpo de la esclava, será su templo; así que ella, deberá asearlo de forma adecuada.
(E)Bajo ningún motivo, la esclava, tendrá relaciones, con alguien que sea diferente a su Amo.
Parágrafo A: los lugares de encuentro, serán elegidos solo por el Amo, y esto no es negociable, a menos de que la esclava, haga una oferta convincente.
Parágrafo B: En caso de que la esclava, considere que un juego la está poniendo en peligro, deberá utilizar la palabra de seguridad “PÚRPURA”, si ella no la menciona, el Amo, no se detendrá.
Parágrafo C: El contrato durará un año, en ese lapso la Sumisa, no tiene permitido inmiscuirse en relaciones interpersonales, y en caso de que quiera deshacer el contrato antes de lo estipulado deberá pagar una multa de dos millones de dólares
Al terminar de leer Margaret grito: «¡¿Este mocoso, que se cree?!, bajo ningún motivo firmaré, por superpuesto que no la haré» Margaret tomó su celular y empezó a hacer cuentas. No obstante, por más que trato de hacer presupuesto, este no le daba para pagar el dinero.
—Tengo ir, eso es lo correcto, ¿y mi trabajo? Señor ilumíname, estoy en una encrucijada.
Después de dar vueltas, decidió ir al encuentro, no tendría ningún acercamiento con él, o eso pensaba ella. Convencida de la bondad de su alumno, apelaría por ella, y lo convencería de hacer un nuevo trato, qué ilusa fue al pensarlo.
Llegadas las siente en punto, Margaret se arregló haciendo caso omiso a las peticiones de Ethan, en vez de vestido: se colocó un Jean y una blusa holgada, no se aplicó ningún maquillaje y se sentó en el sofá de su sala, esperando que fueran por ella y así fue. A las ocho, una camioneta negra, con vidrios oscuros, se parqueó al frente de su casa esperando por ella, al escuchar el primer p**o, Margaret salió, entro a la camioneta y fue transportada hasta la mansión.
—Bien señorita, ya estamos aquí, entre a la sala, suba a las escaleras y en la segunda puerta, a mano izquierda encontrará la habitación del joven Ethan —el amable hombre, causo buena impresión en Margaret.
Ella siguió las indicaciones recibidas, aunque estaba nerviosa y dudosa, ella seguía firme en su decisión, no perdería ante su estudiante. Pasada una hora, Margaret llegó a la mansión que le causaba cierta amargura, pero ya no podía echarse para atrás.
—Señorita suba las escaleras, la habitación del joven es la tercera a mano izquierda —le indicó Lincoln a Margaret.
—Ok, iré con él.
Mientras subía las escaleras, la idea de devolverse no desapareció de la mente de Margaret. Al estar parada enfrente de la puerta, ella no tuvo necesidad de tocar.
—Moría por verte —Ethan se notaba complacido.
—¿Cómo sabías, que era yo?
—Digamos que… Sabía que no me dejarías plantado, ¡Umn! Veo que no hiciste caso a mis peticiones, ¡Bien! Me imagino que estarás dispuesta a enfrentar las consecuencias por desafiarme —Ethan se encargaría de cobrar dicha falta de respeto.
—¡No, no te equivoques!, vine porque quiero decirte que lo estuve pensando y no seguiré tu juego, jamás nos involucraremos de nuevo, dime cuantas cuotas son las que te tengo que pagar y yo lo haré —aseguró Margaret, mirando fijamente a Ethan.
—Eres desafiante y determinada, ¿acaso no te quedo claro? Quiero que seas mía y de nadie más —Ethan hizo que Margaret entrará a su habitación, y la acorralo contra la pared.
—¡Ja, no me hagas reír! ¡Eres un niñito de papá! —Margaret mostró un poco de indiferencia.
—Si no me equivoco este “niñito” te ha hecho temblar, así que tengo puntos.
—Como sea, ¿Por qué demonios creíste que yo firmaría tal locura?, ¿desde cuándo has tramado todo esto?
—Solo lo necesario, ¿ya firmaste?
—No lo haré.
—Tienes que hacerlo, no creo que puedas pagarme esa suma de dinero.
—Si podré, yo encontraré la forma
—¿Por qué te aterras tanto?, el contrato que yo te entregué no es nada del otro mundo.
—Claro que lo es, yo no besaré tus pies, y tampoco me arrodillaré ante ti.
—Eso lo veremos, por ahora… —Ethan tomó a Margaret por una sus manos y la llevo hasta su armario, el cual se encontraba en la pared.
—¿Puedes decirme, porque tienes tantos juguetes? —Margaret estaba un tanto espantada.
—Son para usarlos contigo, los he guardado por mucho tiempo, ¿cuáles prefieres? —Ethan solo mostraba su poder.
—¡Estás loco, de ninguna manera, utilizarás algún juguete conmigo! —Margaret quiso salir de la habitación, no lo logró.
—Eso, está por verse, yo soy quien manda y harás lo que ordene.
—Aún no he firmado el contrato.
—Lo harás, es cierto que tu hermano ya no le debe a mi padre, pero tú, me debes a mí, y no creo que desees que tus tranquilos padres reciban una visita misteriosa.
—¿No te atreverías?
—Rétame. Quizás no sea tan nefasto como mi padre, pero soy terco.
Ethan tomó una cita rosada, sujetó las dos manos de Margaret, las junto y las ato de forma sagas, su intención era que ella no pudiese soltarse, y por más que ella protestaba no logro detenerlo; luego él se deshizo de las ropas de esta, e hipnotizado observó el cuerpo que era su mayor delirio.
—¡Eres hermosa, de eso no hay duda!
—Bien, ya lograste tu cometido. Has lo que tengas que hacer, quiero irme cuanto antes de aquí.
—Te aseguro, que solo te brindaré placer, solo eso —Ethan acaricio el cuerpo de su esclava con delicadeza, la beso en su frente. Acto seguido le ordeno que abriera un poco sus piernas—. ¡Está vista, si es que exquisita!, hasta podría de decir, que ese lugar esperaba ansiosamente por mí.
—Déjate de tonterías, yo… —por más que ella quisiese controlarse, le era imposible.
—Tu humedad, una vez más te delata. Está palpitando, y es obvio, que soy el causante de dicha situación.
—¡Mentira! —Margaret podía sentir, una gran corriente se extendía por su cuerpo.
—Eres muy tierna, pero no te salvarás —como ya no tenía nada que se interpusiera en su cometido, Ethan fue estimulando a su sometida—. Vamos, no te resistas, deja salir tu voz tan sensual.
—No, no lo haré, y ya suelta mis manos ¿Por qué lo hiciste?
—Lo hice porque es parte de tu castigo, té rehúsate a mis indicaciones, de alguna forma te tengo que reprender. No te hagas la inocente, tu respiración agitada te hace vulnerable, ¿pretendes negarlo más?
—Sí, lo haré —La decisión estaba tomada, Margaret retaría a su señor.
Continuará