Desde que me quedé sola, cuando lo necesitaba, dejaba a mi hija al cuidado de Eva, una vecina que tenía una edad similar a la mía, era madre de cuatro hijos que la habían engendrado tres hombres diferentes y había parido a las dos mayores siendo menor de edad. Aunque reconocía abiertamente que era una puta sumamente cerda, cuidaba muy bien a París y estaba de acuerdo con ella cuándo decía que había que usar y dar satisfacción a todos los órganos de nuestro cuerpo puesto que los que no se utilizaban habitualmente terminaban atrofiándose y ninguna de las dos queríamos que ocurriera algo así con nuestro coño, con nuestro culo ó con nuestra boca. Una tarde mi seductora vecina me invitó a merendar en su casa y mientras sus hijos jugaban con París en el salón, me fue enseñando las últimas adqui

