En mi anterior relato os conté lo que sucedió una noche loca en la disco, donde me dejé llevar con un desconocido que supo calmar mi calentura. Mi vida se había transformado por completo, saboreaba la libertad que no había podido disfrutar en mis años de casada y disfrutaba de ese mundo nuevo sin ataduras ni normas sociales que pudieran juzgar mi comportamiento. Por fin era una mujer libre y podía acostarme con quien quisiera y cuando me diera la gana. Me sentía especialmente curiosa, con los cinco sentidos bien despiertos y muy atenta a todo aquello que pudiera tener relación con el sexo. Frecuentaba los locales que había ido descubriendo y aunque no siempre me dejaba llevar por mis más íntimos deseos, si me gustaba disfrutar de ese juego tentador en el que se hacía presente la provoca

