Aria se había marchado sin permitirme abrir la boca, la había visto salir por la puerta sin siquiera dedicarme ni una mirada, podía entender que todo esto fuera frustrante para ella, pero al menos creía correcto haber tenido una conversación.
Me levanté lentamente, con el corazón cargado de culpa. Fui al baño, tratando de despejar mi mente. El reflejo en el espejo era el de un hombre que apenas reconocía. Los recuerdos de la noche anterior se agolparon en mi mente. La fiesta, Lennox, el exceso de alcohol, y luego... Aria.
Lavé mi rostro con agua fría, esperando que pudiera calmar la tormenta emocional en mi interior. La culpa era abrumadora. Había fallado estrepitosamente, y lo peor de todo era saber que Lennox había estado detrás de todo esto. Su risa, su maldita risa, resonaba en mi cabeza, un recordatorio constante de su manipulación.
Conocí a Lennox hace unos años en un evento de la empresa, ella siempre se rodeaba de hombres con porte. Era una mujer atractiva y encantadora en la superficie, siempre sabiendo qué decir y cómo decirlo. Pero pronto descubrí que detrás de esa fachada se escondía una persona astuta y manipuladora, dispuesta a hacer cualquier cosa para obtener lo que quería.
Nuestra relación nunca fue cercana, pero nos cruzábamos a menudo en eventos sociales. Siempre supe que Lennox era una maestra en el arte de la manipulación, pero nunca imaginé que sería yo quien caería en sus redes. Anoche, cuando Lennox me animó a seguir bebiendo y a acercarme a Aria, supe en el fondo que algo no estaba bien, pero fui estúpido al ignorar mis instintos.
Miré mi reflejo, el peso de mis acciones aplastándome. No podía cambiar lo que había pasado, pero debía encontrar una manera de enmendarlo. Aria no merecía nada de esto, y yo tenía que arreglarlo.
Salí del baño y me vestí en silencio. Caminé hacia la puerta del hotel, con mis pensamientos aún enredados. Necesitaba hablar con Aria, explicarle lo que había sucedido, pero no tenía idea de cómo empezar.
Conduje de regreso a la mansión, cada kilómetro que pasaba aumentaba mi sensación de miseria. Lennox había jugado con ambos, y ahora yo tenía que enfrentar las consecuencias de mi debilidad.
Cuando llegué a la mansión, Martha, una de las empleadas, me recibió en la puerta—. Buenos días, señor Declan —dijo con una sonrisa amable— Su familia ha planeado una cena importante para esta noche. Quieren discutir algunos asuntos urgentes.
Asentí, tratando de ocultar la tristeza—. Gracias, Martha. Estaré listo a tiempo.
Subí las escaleras hasta mi habitación, sintiendo el peso de mis acciones sobre mis hombros. Tenía que pensar en cómo enfrentar esta situación, cómo disculparme con Aria y enmendar lo que había hecho. Y sobre todo, necesitaba encontrar una manera de desenmascarar a Lennox y detener sus intrigas antes de que causara más daño.
…
Luego de haber estado un buen rato dando vuelta a las cosas decidí salir, necesitaba encontrarla, aunque no sabía demasiado de ella había logrado averiguar un par de cosas en medio de la conversación que habíamos tenido en la despedida de soltera.
Sabía que esa cena tenía un fin en particular, encontrar una esposa, no estaba dispuesto a enamorarme de una desconocida ni tener que aguantar los caprichos de una mujer cualquiera, así que en mis planes estaba proponerle a Aria un matrimonio por conveniencia. No era lo mismo que mi familia esperaba obtener de mí, ellos querían hijos, cosas más allá que yo no pretendía darles.
Había logrado encontrar a Aria y tener una conversación con ella, aunque no me hubiera dado una afirmativa, bastaba con que siquiera se lo pensara para mí, había vuelto a la mansión con una sensación de tranquilidad.
…
La hora de la cena llegó demasiado rápido. Aún con la cabeza llena de pensamientos y el corazón pesado, me dirigí al comedor principal de la mansión. La mesa estaba elegantemente dispuesta, como siempre en las cenas familiares importantes. Mi padre, Richard, presidía la mesa con su habitual aire de autoridad. A su derecha estaba mi madre, Eleanor, siempre elegante y serena. A mi izquierda, mi hermana mayor, Isabelle, de carácter fuerte y con una mente afilada para los negocios. Enfrente, mi hermano mayor, Harold, quien siempre había sido la estrella dorada de la familia, destinado a tomar las riendas de una de nuestras empresas. Y junto a Harold, mi hermano menor, Oliver, un joven brillante y lleno de energía.
También estaban presentes mis abuelos, Edward y Margaret, que siempre habían sido pilares de sabiduría en la familia. A su lado, mis tíos Robert y Susan, junto a mis primos, que abarcaban desde adolescentes hasta jóvenes adultos. La sala estaba llena de conversación y risas, pero yo solo podía pensar en cómo iba a abordar el tema que se avecinaba.
Me senté en mi lugar, intentando mantener la compostura mientras las conversaciones triviales llenaban el aire. Pronto, el tema principal de la cena salió a la luz.
—Declan —comenzó mi padre, su voz grave captando la atención de todos—. Es hora de hablar sobre el futuro de nuestras empresas. Harold ya ha demostrado ser capaz, pero necesitamos asegurar nuestra influencia en todos los sectores.
Asentí, sintiendo la mirada evaluadora de todos sobre mí—. Estoy preparado para asumir más responsabilidades, padre.
—Bien —respondió Richard, asintiendo lentamente—. Pero hay otro asunto que debemos considerar. La estabilidad familiar y la imagen pública son cruciales. Hemos estado discutiendo sobre posibles candidatas para que te cases, alguien que pueda apoyar y fortalecer nuestra posición.
Podía sentir mi corazón acelerarse. No podía dejar que mi familia decidiera mi vida sin más, así que recordé a Aria y la conversación que había quedado pendiente entre ambos.
—De hecho, padre —comencé, eligiendo mis palabras con cuidado—. Ya tengo una prometida.
La sorpresa se reflejó en los rostros de todos. Mi madre dejó caer su tenedor con un tintineo suave. Isabelle levantó una ceja, interesada, mientras Harold se inclinaba hacia adelante, curioso. Oliver me miró con una mezcla de sorpresa y admiración, como si no pudiera creer que yo hubiera tomado una decisión tan audaz.
—¿Prometida? —repitió Richard, su voz llena de incredulidad—. ¿Y quién es esta mujer?
—Es una mujer que conocí recientemente. No es adinerada ni pertenece a ninguna de las familias que habíamos considerado, pero es fuerte, inteligente y me apoya en todo lo que hago.
El silencio que siguió fue pesado. Mi madre fue la primera en hablar—. Declan, las decisiones sobre el matrimonio en nuestra familia no se toman a la ligera. Necesitamos alguien que entienda nuestro mundo.
—Lo sé, madre —respondí, tratando de mantener mi tono calmado—. Pero ella tiene otras cualidades que considero más importantes.
Harold soltó una risa sarcástica—. ¿Estás seguro de que no estás siendo imprudente, hermano? Nuestro futuro depende de elecciones cuidadosas.
Isabelle me miró fijamente—. ¿Y por qué no has mencionado esto antes, Declan? Sabes lo importante que es para la familia.
—Porque quería estar seguro antes de decir nada —mentí, sintiendo el calor subiendo por mi cuello—. Y ahora estoy seguro.
Richard me observó en silencio, evaluando cada palabra y gesto. Finalmente, habló.
—Esperamos conocerla pronto, Declan. Pero recuerda, nuestras decisiones afectan a muchas personas. No puedes permitirte errores.
Mis abuelos intercambiaron miradas preocupadas, y mis tíos susurraban entre ellos. Los primos, menos involucrados en los negocios, observaban con una mezcla de curiosidad y confusión.
La cena continuó, pero la atmósfera se había vuelto tensa. Sabía que había plantado una semilla de duda en mi familia, pero también sabía que no podía dar marcha atrás. Tenía que encontrar a Aria y explicarle la situación, y también enfrentar que esto podía salir jodidamente mal en caso de que ella no quisiera volver a verme.
Cuando la cena terminó, me retiré a mi habitación, ahora todo dependía de Aria y la respuesta que estuviera dispuesta a darme.