32. En el lugar donde estamos terminando de almorzar, en las afueras de Tardajos, hay mucha gente y un loro gris de cola roja que se levanta boca abajo y va boca abajo a lo largo de una pared de la jaula en la que está encerrado; de vez en cuando hace su verso y también parece decir algunas palabras. Lo miramos con curiosidad y decidimos llamarlo Aristóteles. Muchos, tanto caminantes como lugareños, juegan con él: se acercan a la jaula, ponen un dedo entre los barrotes y la retiran en cuanto Aristóteles intenta atraparla. Quienes parecen conocerlo bien le susurran algo y el pájaro parece entenderlos. Seguimos y el Camino continúa ahora por un camino asfaltado que no parece muy transitado. Cruzamos un pequeño puente bajo el que discurre un pequeño río y luego el camino sube en zigzag y no

