45. La Cruz de Hierro se nos aparece imponente y las piedras que se han colocado a sus pies forman un montículo. A unos pasos de nosotros, Damo, Giorgio y Anna meditan con sus piedras en la mano. St y yo subimos al enorme montículo hasta llegar a la cima. Nos sentamos y sacamos nuestra piedra del bolsillo; Yo tengo ella de St, ella mía y los intercambiamos. St coloca su piedra debajo del poste y la abraza apoyando su frente en ella, contemplo la mía que tengo en mis manos ahuecadas; No he escrito nada al respecto, solo he realizado bocetos que simbolizan aquello de lo que me gustaría deshacerme. Miro el cielo despejado y le pido a la Vida que realmente me ilumine. En cuanto retomamos el Camino, con Cruz detrás de nosotros, tropiezo y me encuentro en el suelo, aturdido y polvoriento. Y mi

