―Mami, ¿eso se come? ―me preguntó por décima vez. Yo estaba igual de confundida que ella, considerando, como dije anteriormente, que habían palabras en ese menú que no podía ni pronunciar. Eso me hizo recordar, que si quería entrar nuevamente a la aristocracia, necesitaría tomar algunas clases de pronunciación y manejo de lenguas extranjeras, por suerte, eso no estaba en mis planes. ―¿Qué tal si eliges tú? ―inquirí hacia Eric. Nos miró a ambas y cerró el menú, colocando las manos sobre el trozo de cartulina. Por su mente cruzaba una mejor idea, ambas lo supimos, en cuando vimos colocar ambos codos sobre la mesa y bajar la cabeza, tocándose el cuello, para finalmente levantarse y colocarse la chaqueta, ajustarla en su cuerpo y realizar la pregunta más aclamada. ―¿Quién quiere pizza?

