39 Algo golpea al ángel. Reconozco una visión de pelos y dientes, un animal que gruñe. Algo cálido y húmedo salpica mi blusa. La presión en mi garganta de pronto desaparece. Lo mismo el peso del ángel. Doy un enorme y ardiente respiro. Me enrosco hasta quedar como una pelota, trato de no toser mucho mientras el aire fresco fluye hacia mis pulmones. Escucho gruñidos salvajes. También el sonido de alguien que vomita. El tipo de las entregas regurgita detrás de sus gavetas para cadáveres. A pesar de eso, sus ojos siguen fijos en un rincón detrás de mí. Son tan grandes que parecen más blancos que castaños. Mira hacia el lugar de donde provienen los sonidos. El origen de toda la sangre en mi ropa. Siento una extraña resistencia a voltear hacia atrás, aunque sé que debo hacerlo. Cuando f

