42 Detrás de mí, un musculoso feto de escorpión abre sus fauces para gritarme, mostrando hileras de dientes de piraña. Su piel subdesarrollada muestra sus venas y las sombras de sus músculos. Está boca abajo, como si se hubiera arrastrado desde su tanque para alcanzarme. Su mortífero aguijón se eleva por los aires y se dirige a mi cara. Una imagen de Paige y de mi madre corriendo en la noche destella en mi cabeza. Solas. Muertas de miedo. Preguntándose si las abandoné. —¡No! —el grito es arrancado de mi garganta mientras me tuerzo hacia un lado para esquivar el ataque. El aguijón pasa rozando mi cara. Antes de que pueda respirar de nuevo, el aguijón se levanta y vuelve a lanzarse hacia mí. Esta vez, ni siquiera tengo tiempo de prepararme mientras desciende sobre mí. —¡No! —ruge Raff

