35 —¿Penryn? Todos voltean a ver a la recién llegada. Uno de los bultos tirados en el callejón se incorpora y sale de las sombras. Mi madre abre los brazos de par en par mientras camina hacia mí. Su picana cuelga de su muñeca como un enorme brazalete para locos. Mi corazón se cae hasta mi estómago. Tiene una enorme sonrisa en el rostro, completamente inconsciente del peligro que enfrenta. Un alegre suéter amarillo ondea con el viento alrededor de sus hombros, como una capa. Pasa a un lado de los hombres como si ni siquiera los hubiera visto. Quizá no los ve. Me abraza fuerte y me da vueltas y vueltas. —¡Estaba tan preocupada! —acaricia mi cabello y me revisa para ver si tengo heridas. Parece muy contenta de verme. Me muevo para zafarme de ella, mientras me pregunto cómo la voy a pro

