—¿Se inquieta mucho? —Estos últimos días sí, bastante. Me he cansado más —respondo mientras lo veo fruncir el ceño, preocupado—. Nadie además de mí la había sentido moverse —le confieso. —¿De verdad? —susurra, sorprendido. Asiento. Y me sorprende lo tranquila que estoy, lo bien que se siente tenerlo aquí, escucharlo, verlo hablar. —¿Crees que me reconozca? —pregunta. —Sí —digo sin dudar— Creo que lo hace. Desde que lo vi en la cafetería ella reaccionó como loca. Mi hija ama a su padre… más que yo, quizás. Aunque todavía puedo competir. —¿Cuánto tienes? —pregunta. —Seis meses y medio. Ya falta poco para conocerla. —Te ves hermosa con mi hija dentro de ti —dice, fijando su mirada en mí. Esa mirada… esa que siento en la piel, que me quema. La extrañaba. Porque nadie más me mira a

