Capitulo 31— No sé si merezco esto... Nath Max ni siquiera parpadea. Me mira a los ojos, luego a mi vientre… y luego volvía a mí. —Dilo otra vez —pidió en un murmullo grave, casi suplicante. Mi corazón dio un vuelco. Él… El padre de mi bebé… El hombre que creí que ya no podía tener… Me miraba como si ese pequeño “mi amor” hubiera reconstruido algo dentro de él. —Eh… yo… —Dilo pequeña —suplicó. —Mi amor —repeti. Max seguía arrodillado frente a mí. A mis pies. Entregado de una manera que jamás imaginé posible en él. Cuando repetí mi amor, su cuerpo reaccionó como si lo hubiera tocado con algo sagrado. Su respiración se cortó. Sus hombros temblaron. Y por un instante, el hombre más duro que he conocido… lució devastado. Pero no por dolor. Por alivio. Por amor. Por la

