Me preocupaba ese repentino entusiasmo, fervor, pasión y emoción que sentía por Perales. Cada vez lo veía más lindo, arrollador, elegante, majestuoso y muy varonil, encendiendo mis llamas, haciéndolo desear y también soñándolo por las noches, haciendo el amor y disfrutando de sus bíceps que me despeinaban por completo. Se me hacía agua la boca. No lo voy a negar. Me encantaba su porte, su manera de caminar, su espalda amplia y sus brazos tan grandes como troncos de árboles, su sonrisa seductora, su mirada de águila que hacía bombear mucho a mi corazón. Y era muy dulce conmigo, romántico y también divertido. Me gustaba escucharlo, hablando de sus clases, de sus alumnos, de sus experiencias en el colegio y lo que aspiraba en el futuro, formar una familia numerosa, comprar una casa grande y t

