CAPÍTULO VEINTIDÓS Godfrey bajaba con Akorth y Fulton, las calles traseras de la Corte del Rey, en guardia, manteniendo una mano cerca de la daga de su cinturón, mientras caminaban. Sus ojos se movían y estaba cada vez más paranoico debido a los acontecimientos de la semana. Godfrey ya no subestimaba la tiranía del alcance de su hermano y sentía que podía ser asesinado en cualquier momento. Se había vuelto más amigo de Akorth y de Fulton que nunca, estaba agradecido con ellos por haberlo ayudado a salvarse, y aunque no eran guerreros, al menos eran dos cuerpos más, dos pares de ojos más para vigilar. Godfrey dio vuelta a la esquina y vio el cartel de su vieja taberna, colgada chueca, oscilando en la tarde, saliendo bebidas de ella, y sintió repulsión. Sintió una ola de ansiedad. Ya no se

