—Zapatos de la suerte ¿Eh?
Río por lo que ha preguntado, o por la manera en que se expresó. Muy irónico y jocoso. Trystan es divertido, es agradable hablar con él, me daba mucha risa su cara de apenado cuando piensa que no me gustaron sus palabras, se ha disculpado ya tres veces. Es muy tierno, pero suele enseriarse si me hace una pregunta importante para él. Como ahora, el semblante sólido volvió, aunque sus pupilas no paran de sonreírme.
—¿Crees en la suerte? —desvío la conversación a ese tema.
Su pulgar repiquetea el volante, lo piensa, niega.
—Antes no, pero ahora estoy dudando —se vira a mí, hay coloración en sus mejillas ¿sonrojado? No lo creo—. Y tú ¿Eres de la suerte?
—No confío tanto en la suerte, no es para mí. —juego con mis dedos sobre mi regazo, me tiene nerviosa, y ni sé por qué. Oh, ya sé. Es alto. Me ponen nerviosa chicos altos, me intimidan.
Se acomoda en su asiento de lado, para hablarme mejor.
—¿Qué cosas sí son para ti?
Jadeo, y la respiración es inservible, tengo que responder, lo se, pero… ¿Por qué me cuesta tanto hacerlo? Sé porque, no me conozco lo suficiente como para responder ese tipo de preguntas.
Carraspeo.
—¿Es necesario hablar de eso? —evado la pregunta.
Sonríe trasmitiéndome confianza, no sé como le hace, pero lo consigue.
—Muy necesario. —me susurra con tranquilidad, como si tuviera todo el tiempo para oírme decir tonterías.
Respiro profundo.
—Los autos son lo mío —le cuento de primera, emocionada—, no hablo de los autos en contexto, sino de sus motores, como funcionan y la destreza con la que lo hacen. Es realmente impresionante.
—Tú eres impresionante —saca involuntariamente, pero no le apena decir lo que piensa—. En verdad lo eres.
¿Qué se dice? ¿Por qué mis mejillas están calientes? ¿Cómo puedo mirarle directo a los ojos aún sintiéndome un desastre de sentimientos extraños?
—Gracias. —le agradezco el cumplido, apartando la vista.
Me sonríe de labios cerrado. Es tan dulce.
—No hay nada que debas agradecerme, no es un cumplido, es la verdad.
Estamos sentados en su auto, se ofreció a traerme, no me negué, era demasiado tarde como para irme caminando, hemos hablado todo el camino y tenemos algunas cosas en común, he notado que Trystan es un chico muy educado y elegante, me abrió la puerta de su auto para entrar, fue raro para mí, no estoy familiarizada con estás demostraciones de cortesía.
Su auto está enfrente de mi casa, ha insistido en ver mis zapatos durante todo el camino, me daba pena mostrárselos, pero no me dejaría en paz, por eso suspiro y rebusco dentro del bolso, encontrando mis zapatos, se los entrego.
—Dudo que tengan algo de suerte —bromeo—, pero son especiales, bueno, eran.
Se dañaron.
Los aprecia en sus manos, ve la abertura en la suela, y ni hablar del tacón casi despegado. Ya no da vergüenza, el sentimiento de tristeza es más grande, me entristece haberlos dañado, me arrepiento de no haber elegido a mis tenis.
No dice nada, solo los mira, reconozco esa mirada, siente lástima. No tengo ropa de marca como la de él, tampoco un par de zapatos lujosos como los suyos. Sí, he tenido un horrible día, pero odio que haga esto, no soy la persona más infeliz del mundo para darle lástima. Bufo, se los quito y los meto torpemente en mi bolso.
—No me tengas lástima. —le susurro exhausta y el tono enojado se cuela en mi voz, lo estoy, es algo que no me gusta, abro la puerta, me largo.
Exhalo, y camino a la puerta.
—Nellie. —llama él, me giro y se está bajando de su auto.
Estoy cansada, no sé que le voy a decir a mis padres, no sé que haré a partir de mañana. Mi vida en su totalidad es un gran “No sé”. Me giro esperando a que se disculpe, pero no lo hace se mantiene en silencio. Increíble, no se disculparía.
Me enoja que no diga nada, su silencio me dice la verdad, siente lástima.
—Adiós, Trystan. —me despido, entrando a casa, no tengo ánimos para seguir de pie, tengo mucha hambre, sueño y frío.
Me recuesto en la puerta, escucho unos susurros a mi costado, me sorprende lo que veo al girarme de lado, estaba mi madre, hermana y tía asomadas en la ventana. Nos estaban espiando. Increíble.
—¡Metiches! —les grito, ellas se asustan y se apartan de la ventana, menos mi hermana que suspira y se derrite.
—Es tan guapo. —suspira, enrollando una fibra de su cabello con el índice.
—¿No se ha ido? —le pregunto, curiosa.
—Está subiendo a su auto —me responde sin apartar la vista de la ventana, ladea su cabeza—. Parece un príncipe azul.
La miro mal.
—Y ustedes unas metiches —recrimino a las tres—. Nos estaban espiando. Muy mal.
Mamá se me acerca.
—Solo cuidábamos de ti, no sabemos que tipo sea ese chico. —persuade ella.
Le entrecierro mi vista. No logrará nada con sus persuasiones, y lo sabe, papá y yo no caemos fácil.
—Del tipo ricachón muy atractivo —rechista mi hermana, ya lejos de la ventana, su cara pensativa nos intriga a todas—. Yo he visto esa cara antes, lo he visto, pero… ¿En dónde?
Bufo.
—Es del tipo olvídenlo, solo me trajo, no me dio un anillo de matrimonio ni me propuso que nos fugáramos para vivir juntos, por Dios. —musito, subiendo las escaleras, mamá aparece tras de mí.
—¿Cómo te fue en la entrevista?
A cada peldaño mis pies se desmoronan, no sé cómo puedo tenerlos entero, siento como si se fueran a despedazar en cualquier momento. Estoy igual que mis pies.
—Mal —le contesto, me detengo en la escalera para mirarla sobre mi hombro—. Mañana te contaré todo, estoy cansada, hoy solo quiero dormir.
Mamá asiente, sé que se está limitando, quiere preguntarme, pero ve lo cansada que estoy. Me da un beso en la mejilla, me desea buena noche y yo hago lo mismo, le pregunté por papá, dijo que se fue a dormir temprano.
Dentro de mi cuarto, me doy una ducha, me pongo mi pijama y me masajeo los pies, duelen. Mañana no podré estar de pie. Me acuesto y miro al techo, pienso en que este día no pudo ser peor. Y que lo único bueno que me pasó fue hablar con un chico atractivo.
Y que atractivo chico. He visto chicos guapos, pero ¿Trystan? Trystan es atractivo, cortés, amable y… inalcanzable.
Sonrío triste.
Ese atractivo chico me habló, pero no puedo aspirar más allá de conocer sus virtudes y defectos. Los chicos como él solo pueden sentir algo por las chicas como yo: lástima. No tengo dinero, ni las comodidades que él disfruta, pero así es el mundo desde que es mundo.
Fue lindo haberte conocido, Sir Trystan.
Y al final yo tenia razón. Todos son unos idiotas, y Trystan es el peor.
Ni mi ex cuando me dejo me tuvo lástima. Bufo.
Cierro los ojos rindiéndome ante el sueño.
Dormir bien se me da mal, nunca consigo dormir del todo, me muevo demasiado y pienso el doble porque sé que hay cosas más importantes que dormir, como resolver mi vida, si pudiera apagar mi cerebro para descansar. Y como todos los días estoy despierta para recibir la madrugada.
Planes para hoy: no salir de mi cama.
Conecto mi celular para que se cargue, Lery debe estar preocupada, ayer no fui a su casa, ni me comuniqué con ella luego de la llamada. Tengo que hablarle. Mientras toma batería voy al baño, me doy una ducha y decido quedarme en pijama, no saldré a ningún lado. Además, es sábado, hoy trasmiten mi serie de boxeo favorita, aunque tengo que ir a comprar unos snacks y soda para ver el programa.