Damián debía llegar a mi apartamento en cualquier minuto, aceptó tras numerosas llamadas y la mediación de Lucio, sin eso no habría logrado hablar con él. Había repasado en mi mente todo lo que le diría, inútilmente porque al final, la situación nos podía ganar. —¡Gracias! Entiendo que no es fácil la situación, pero somos hermanos, te amo y necesitaba hablar contigo —dije de inmediato. Damián me miró con recelo y se sentó en el sofá, se sintió incómodo y se levantó de nuevo, camino hacia la ventana y miró a través de ella, como hacía días lo había hecho Sergio, se parecían tanto. —¡No es fácil! Sé que me porté mal con Aitana y me sentí terrible por meses, sin saber que la muy zorra ya se estaba revolcando contigo y tú... —¡Respeta! Nada de decirle zorra ni ningún otro epíteto, y no fu

