Se acercaba el cumpleaños de Marcos y no había podido evitarlo mucho, iba a dar una fiesta en su casa e insistió en invitarme, sabía lo que pasaría, André y Dora estarían entre los invitados. Yo no podía ir a ese cumpleaños, sería en tres días y Marcos estaba muy ilusionado con la idea de que yo estuviera allí con él. Marcos era un hombre apuesto, cumpliría 30 años, cardiólogo, inteligente, de piel blanca y cabellos negros, ojos azul claro más oscuros que los míos, dientes perfectamente alineados y nariz aguileña. No me sentía nada atraída por él, a pesar de su definido cuerpo y su elegancia. Martina me insistía en que le diera una oportunidad pero había tantas razones para negarme, principalmente porque estaba enamorada de otro hombre, su jefe, mi ex jefe, el hermano de mi ex novio.

