Episodio 5

1114 Palabras
**Aitana** Aún lloraba en mi cama cuando Damián me avisó que llegaría en media hora a mí casa, debía recomponerme un poco para recibirlo. Después de llorar bastante y repasar todo en mi mente, estuve lista para enfrentarlo, tenía dos opciones, sopese, o me quedaba con el papel de víctima y hacía todo lo que ese hombre quería o tomaba el control de mi vida y le plantaba cara. Decidí no ser víctima, lo primero que haría sería averiguar si de verdad no podía dejar ese trabajo, lo segundo si no tenía alternativa, iba a convertir su vida en un infierno, no me decidía si iba a intentar seducirlo y acabar con su relación o si me iba a vengar de otra manera. Pensaba mucho en Damián, no quería hacerle daño, sentí que algo ya se había roto en mí, por pensar en André como lo hice, y no tenía con quién hablar, Martina era amiga de él. Sentía que debía terminar con Damián. —¿Qué tanto piensas? Pensé que te encontraría esperándome desnuda en el sofá de la sala —dijo divertido mientras colocaba su mochila en un sofá en mi habitación. —Me dieron el trabajo, y tu hermano se ofreció a completar mi horario asistiendolo a él —le conté inexpresiva. —Sí, ya sé, me contó, lo vi para el almuerzo ¡Felicidades! Él es muy importante y reputado, hará bien a tu currículum trabajar para él —aseguró—. Dame un beso. Se acercó a mí y me apretó contra él, nos besamos, el beso fue profundo y húmedo, se fue haciendo más salvaje y sensual, se tendió sobre mí en la cama, y yo gemía débilmente. Me separé de él un instante. —¿Qué piensa realmente tu familia de mi? La verdad, no la adornes, ni digas mentiras, es mejor que esté clara —solicite con firmeza. El me miró como si no comprendiera nada, se incorporó en la cama y me miró con una mirada dulce. —No importa. Ya te dije, si, son estirados, desconfiados, no te conocen, dales tiempo, mis padres solo me dijeron que eras bonita, es que no saben nada más de tí, ¿Qué van a decir? —me dijo. —¿Y tus hermanos? —insistí. —Nada, André y Sergio siempre me critican y me quieren tener controlado, pero ahora no me han dicho nada —afirmó. —¿André es controlador? —pregunté. —Más bien sobreprotector. Es mi mentor, mi coach, siempre me ayuda, de ti no me ha dicho nada —dijo. —Creo que me odian —dije. —Pero yo no. Eso lo que importa. Ya ellos te querrán como yo. Volvió a mi boca, me besó intensamente. Lo volví a interrumpir. —Un pasatiempos, ellos deben creer que me cambiaras por otra en unos meses —especulé. —¡Basta! —dijo mientras comenzaba a quitarse la camisa y bajarse los pantalones. —No, Damián, no quiero —le dije. —¿Qué? Está bien, pero no pienses más en ese asunto de mi familia, serás más cercana a André, ya verás que es un tipazo, además de inteligente, buena persona y agradable —dijo. Lo dudo, pensé para mí. Todo se sentía fuera de onda con Damián, no solo fue que yo haya deseado a André, lo que André me dijo me hizo pensar que lo nuestro tarde o temprano acabaría, ¿A qué tanto iba a llegar? Teníamos veintidos años. No sabía si quería casarme con él. Mi noviazgo con Damián ya había sido condenado, lo vi marcharse esa tarde sabiéndolo. Siempre lo presentí, además. El día siguiente sería el inicio de una locura desencadenada por mi relación con Damián. Trataría de aprovechar el aprendizaje, los contactos, el currículum, y todo eso, André había condenado todo. Llegué temprano ese día y me entregaron un mono de trabajo, azul claro como el que llevaba André, me explicaron todo y cómo hacerlo, de hecho fueron amables conmigo, uno de los chicos de limpieza me dijo que era porque sabían que era cuñada del jefe mayor y porque trabajaría con él. Al terminar en el laboratorio me indicaron que debía estar a la 1:00 p.m. en la oficina de André y así lo hice, a diferencia del día anterior yo llevaba solo el mono y ni siquiera me había maquillado. Él entró, se veía elegante y sensual llevaba un traje con una camisa blanca , tenía desabotonado los dos primeros botones, se quitó la chaqueta y la colocó sobre su silla, sin saludar, se dirigió a mí enseguida. —Esto no será como tomar las citas del dermatólogo. Me llamarán proveedores, médicos, aliados estratégicos, directores de otros hospitales y clínicas, la prensa, el alcalde, empleados, la gente de recursos humanos ¿Me explico? —preguntó. —Sí, señor, claramente —dije. —Atenderás el teléfono y llevarás mi agenda, uno que otro documento que deba escanear, enviar, ya sabes, lo usual —dijo con fastidio. —¿Cómo sabe que no voy a sabotear su trabajo? —pregunté molesta ante su indiferencia, que a pesar de saber todo ya, me molestaba. Se sonrió y me miró a los ojos. —¿Eres estúpida? No creo, ¿Por qué harías eso? ¿Para acabar con tu carrera? Que ni ha empezado. Tuteame de nuevo —dijo. —Voy a terminar con Damián —dije y vi como su rostro cambió. Su expresión se tornó tranquila y amable. —Muy bien. Son muy jóvenes, yo ni recuerdo el nombre de la novia que tuve a los veintidós años, uno madura y crece, conoces a otra gente, te superará pronto — dijo. Eso me pegó en el ego, me hubiese gustado pensar que yo era interesante,agradable, bella y atractiva lo suficiente para que me quisieras conservar y sufriera sí lo dejaba. Pero el Adonis que tenía frente a mi pensaba que era olvidable muy pronto. —Eso sí. No lo hagas aún, pronto anunciaré mi boda y no quiero que esté solo o triste para ese día, lo anunciaré el sábado ¿Puedes esperar? —preguntó. ¡Qué descaro!, además debo soportar eso, pensé para mí. Me miró intrigado, esperando mi respuesta. —¡Sí! Tampoco pensaba hacerlo tan pronto, no quiero lastimarlo, esperaba enfriar la relación un poco primero —dije, él soltó una carcajada. —Te hubieses revolcado conmigo si te lo pedía, pero no quieres lastimarlo —rió. Me levanté de la silla con expresión molesta y guarde mis cosas en el escritorio que me asignó frente a su oficina, era un maldito crétino y se ganó que eligiera hacerlo pagar.
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