Capitulo 17 - Sara

1059 Palabras
Sara - actualidad (febrero del 2022) —¿Que sientes de que tu hermana se vaya a casar?—me pregunto Zedd, mientras nos encontrábamos, todavía caminando por la acera de Brooklyn, dejando que los pequeños y sosiegos copos de nieve, nos cubrieran a cada paso que dábamos.  —No lo sé. Es inesperado. Todo sucedió tan rápido—replique, pensando en la pregunta de Zedd.—Y es aún más inesperado que se vaya a casar con James—volví a decir entre risas.  —Sí, supongo que ni James mismo se esperaba aquello..—dijo Zedd, contestando a la pequeña risa.—Pero, se ven felices. Y eso es lo que importa.  No podía evitar darme cuenta de lo distinto que Zedd se veía. Ya no era el de hace unos años. Ahora, lucía un poco más maduro. Más abierto. Aquella faceta de Zedd me gustaba.  —Exacto. Se que James es buen chico, y que hará feliz a mi hermana—dije, dibujando una sonrisa en mi rostro, mientras le lanzaba la vista a los copos de nieve que seguían cayendo.—Y al final de cuentas, Layla merece ser feliz. Después de todo por lo que ha pasado..—volví a decir, recordando el pasado, por una milésima de segundos. Recordando lo que Layla había sufrido. Lo que había sufrido con mi madre, en aquella noche de noviembre. Lo que había sufrido con nuestra madre y su esquizofrenia.  —Seguro que sí..—contestó Zedd, mientras me regalaba una cálida sonrisa.  Zedd sabía lo que había ocurrido con Layla y nuestra madre. Zedd sabia lo de aquella fatídica noche de noviembre. Zedd sabia lo que habíamos tenido que enfrentar con el monstruo de mi madre. Él había estado presente en aquel momento. Él había estado ahí para mí. Zedd me entendía. Y mejor que nadie sabia el dolor y la impotencia que yo sentía por lo sucedido.  —Solo espero que mi madre no vaya a la boda de Layla—replique de un momento a otro, con un tono enfurecido.—Ya no se si mi hermana fue capaz de invitarla.. —¿Se reconciliaron?—pregunto Zedd, asombrado. —Así es. Ni yo entiendo como paso eso. Pero por alguna extraña razón, Layla prefirió perdonarla—conteste, tratando de no enfocarme mucho en aquello..  —Supongo que es su decisión—dijo Zedd, buscándome la mirada, en medio de la acera y el frio.—Y solo te toca respetarla..—Las palabras de Zedd dolían. Mas sabía que tenia toda la razón en lo que decía. Aunque ni estuviera de acuerdo, solo me tocaba aceptar la decisión de mi hermana.—Creo que es lo mejor, si eso le da paz a Layla.. Zedd lucía tan sabio. Tan profundo. Como siempre lo había sido. Mas ahora, tenia un toque especial. Supongo que era porque Zedd ya no era mas un niño. Era un adulto. Un adulto que sabía de lo que hablaba.  —Tienes razón—le dije, mirándolo fijamente a los ojos.—En mi caso, yo estoy segura que, nunca la perdonare..—volví a decir, con un sentimiento sobre cada palabra que decía.—Nunca perdonare a mi madre por lo que le hizo a Layla. Por lo que nos hizo a nosotras..  En es instante, aquel recuerdo lúgubre me invadió. Aquella turbia noche de noviembre, volvió a suscitarse, dentro de mi cabeza, reviviendo viejas memorias; reviviendo viejos sentires; reviviendo cada característica presenciada en aquella lóbrega noche que lo cambio todo.  Sara - años atrás (noviembre del 2011) No me gustaba mi vida en aquellos momentos. Parecía que, de alguna manera, todo el que quería, se había alejado de mí. Había perdido a Lisa por aquel rumor, que señalaba que existía algo entre Zedd y yo. Había perdido a Kim. Había perdido a Zedd, sin saber porque, distanciándose de mí, sin decir palabra alguna. Y para colmo, las cosas en mi casa no marchaban muy bien. Por alguna desconocida razón, mi madre, ya hacia tiempo, que se encontraba extraña. Sin salir del departamento. Sin decir palabra alguna. Solo se limitaba a pintar en sus lienzos.  Un día, mi hermana Layla, de manera desconcertada, se acercó a mí y a mi padre, discretamente, evitando que mi madre, que se encontraba dormida en la sala de estar, la escuchara.  —Creo que es evidente que algo no anda bien con mamá—titubeo mi hermana, en voz baja.—¿Han visto los lienzos que pinta? —No, hija—repuso mi padre, extrañado.—¿Qué pasa con sus lienzos? De un momento a otro, Layla mostró una pequeña pintura, que sostenía sigilosamente, en sus manos. La pintura se encontraba hecha un caos. Al verla, un escalofrío me invadió. En esta, se encontraban formas extrañas y perturbadoras, matizadas de colores oscuros. Mi madre no solía realizar ese tipo de arte. Algo que encontraba mal en ella. Y sus pinturas la delataban.  —Esto me esta asustando—dije, lanzándole una mirada a mi madre, que se hallaba dormitando sobre el sillón. Su rostro demacrado brillaba con la luz del sol. Su rostro demacrado expresaba los sentires que esta estaba atravesando.—¿Qué es lo que le ocurre realmente? No sabíamos qué le había hecho cambiar. No sabíamos porque de un momento a otro, su brillo se había apagado. Ella ya no hablaba. Ya no expresaba. Ya no reía. Ni salía al exterior. Su mundo eran sus pinturas, y las formas turbias que dibujaba en estos.  —Quería evitar hacer esto—comentó mi padre, con una voz temblorosa. Tenia miedo. Lo podía ver en sus ojos.—Pero, creo que lo mejor es que la llevemos con un psiquiatra.  —¿Un psiquiatra?—exclamé un tanto asustada.—¿Qué es lo que estas queriendo decir..? —Es lo mejor para mamá..—dijo Layla, con una sonrisa triste sobre su rostro.  En esos instantes, no sabía qué pensar. Estaba confundida. ¿Por qué razón mi madre necesita ir a ver a un psiquiatra? A caso.., ¿ella esta enloqueciendo? Tan solo yo era una adolescente, que no comprendía muchas cosas. Estaba asustada. Solo quería que mi madre estuviera bien. Solo quería que ella volviera a brillar. Brillar con aquel brillo que había iluminado su rostro, desde siempre. 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR