Ese otro día desperté a eso de las once del día y el desayuno prácticamente fue el almuerzo. Luka había estado haciendo ejercicios en el gimnasio de la casa, Tony acababa de practicar yoga y ahora estaban dispuestos a irse a la mesa conmigo y compartir como la familia que somos. —Todavía sigues teniendo la costumbre que has tenido desde que eras muy pequeña —comentó Luka al mirarme echarle la leche a la galleta en la hora del postre—. ¿No es más fácil introducir la galleta dentro del vaso? Templé una sonrisa inocente a labios cerrados. —Es automático —me burlé de mí misma. —Y no sólo eso —dijo Tony, limpiándose cuidadosamente los labios con una servilleta—. ¿Recuerdas, Luka, cuando de bebé Josephine hacía gárgaras con las fórmulas que le dábamos en el biberón?

