Diana quedó como petrificada, sin saber qué hacer de momento y yo le lancé una mirada asesina al tipejo que había sido autor material de aquel acaecimiento, los otros detrás de este todavía seguían como hienas. —¡Oye! —aulló con drama, fingiendo vergüenza y cargo de consciencia—. De verdad... lo siento —insistió y a eso Diana asintió, restándole importancia—. No era... mi intención... —el carajo parloteaba y parloteaba pero mi chica sólo se ocupaba de sacar de su bolso un paño para secarse—. Diana, sinceramente... —la mirada de Diana al voltear a verlo lo hizo callarse, con una expresión tranquila pretendió darle a entender que no había por qué repetir sus disculpas. —Ya está —pronunció apenas, mientras meneaba la cabeza ligeramente, mirándolo sin interés—. No hay problema.

