10.

1731 Palabras
Medidas desesperadas Después de esa mañana desastrosa en que rompí de forma impulsiva su teléfono, decidí que me calmaría y que lo dejaría pasar, no me iba a amargar por esto y además, ahora que lo pensé mejor, no estuvo bien que le rompiera su teléfono, no tenía derecho a hacerlo por más que hubiese sido un buen acosador toda la tarde y noche anterior, no tenía derecho de hacerlo, así que como memoricé como era el suyo antes de romperlo, le di la descripción a Andrés, quién buscó varios modelos en internet hasta que encontré el suyo, que era carísimo, ¿cómo alguien osa de gastar tanto en un simple teléfono? Tuve que comprarlo con los ahorros, porque por supuesto, tenía dinero en el banco del que quedó de la indemnización el cual he ahorrado meticulosamente para emergencias o para mi futuro, lo he multiplicado un poco con el trabajo de campo y más ahora que tenía otro tipo de trabajo que dejaba muy dividendos, pero ahora tuve que sacar una buena suma para reemplazarle su teléfono, porque no estuvo bien rompérselo. Así que alrededor de tres días después de esa mañana tan bizarra, en que he notado todos los días que él planea acercarse, pero se cohíbe de hacerlo, es como si… no sé, ¿le da miedo acercarse porque piensa que le haré daño? Porque una cosa fue dañar su teléfono, lo cual estuvo muy mal, pero al menos puedo reemplazarlo, pero daño físico era otra cosa muy diferente. Nunca he lastimado a alguien, siempre me meto más por las cosas materiales, jamás me he ido a golpes y mucho menos hacia un chico, cuando fácilmente puede tener más fuerza que yo y no, no soy tonta, no quiero salir lastimada, pero él parecía temerme y no entiendo por qué. Cuando finalizó la clase que dicta su hermana, quedaba un espacio libre de unos treinta minutos, así que cuando lo vi salir, fui tras él y vi que se dirigía hacia una de las fuentes de agua cercanas a la cafetería. Cuando se detuvo en esta y tomó uno de los vasos de plástico, se quedó en blanco al verme, incrédulo de que estuviese buscándolo por iniciativa propia. -Irina… -Alejandro, yo… quería disculparme. -Oh.-Frunció el ceño y creo que no esperaba que le dijera eso.-¿Por qué? -El otro día creo que fui un poco grosera y además, actué de forma violenta contigo. Puede que seas desagradable y cliché, pero no tengo derecho a dañar tus cosas, así que ten, te lo compré de nuevo y espero me disculpes, no volverá a pasar algo así de nuevo.-Le dije y acto seguido le entregué su teléfono. Sostuvo la caja en sus manos y lo miró por unos segundos. -No tenías que comprarlo, rompiste el que menos uso. -No importa, no debí hacerlo. -Está bien, gracias.-Sonrió levemente, pero parecía melancólico y triste. -¿Te pasa algo? -Mmm, si te digo, ¿no reaccionas de forma violenta? -Oye, no. No pienses que soy de esa manera, no te agredería. -No me refería a eso.-Dijo entre risas.-Es que… puede que te enojes. -Mmm, no creo. -Te he extrañado estos días. -Sí claro.-Le dije sarcásticamente y por primera vez, pareció notar que no lo dije en serio. -Irina, sí te he extrañado. Ya me había acostumbrado a sentarme a tu lado todos los días y a escribirte, pero… sé que ya no me quieres cerca. -Oye, pelinegro, deja la palabrería que con eso no convences a nadie. -¿Por qué crees que miento? ¿es por eso que no me quieres cerca? -Sí, es precisamente por eso. No te creo nada.-Confesé y él mordió sus labios. -Mmm, ¿sabes? Podemos hacer algo. Pídeme lo que quieras a ver si me crees y te lo daré. -¿Por qué todo lo solucionas con dinero?-Le pregunté y lo pensó unos segundos, pero al final no supo qué decir.-Deberías dejar la costumbre de ofrecer dinero a las mujeres y también la de acosar por mensajes. -Oye nena, solo te he ofrecido dinero a ti y lo de los mensajes… sí, sé que he estado un poco pesado con eso, pero solo ha sido contigo, porque eres preciosa y me encantas. -No te quiero pegar, pero lo haces bien difícil.-Bromeé y él frunció el ceño. -¿Por qué no me crees? Es en serio, solo he hecho esas cosas contigo. -Alejandro, si sigues con la patraña ahí sí que ni te dirigiré la palabra. -¡Pero no te miento! -El otro día estuve en el apartamento de una compañera haciendo la tarea de inglés y ahí estabas tú de forma no presente, jodiendo por el puto teléfono. Sacaste de quicio a esa pobre chica, qué costumbre tan mala tienes de molestar mujeres. -¿Daniela? -Sí. -Oh, oh, oh, ya veo por donde va todo.-Dijo y una sonrisa enorme apareció en sus labios. Se acercó de forma intimidante sin dar marcha atrás y me bloqueé, no supe que hacer, estaba invadiendo mi espacio personal, así que traté de evadirlo echándome hacia atrás, pero con eso fue a peor, porque me aprisionó en la pared con su brazo y por primera vez en mucho tiempo, me sentí intimidada por completo.-Estás celosa, eso es un gran avance. -No, no lo estoy. -Sí lo estás, bebé. Es más, si quieres nos ahorramos todo el preámbulo de la reconciliación y te cojo a besos ahora mismo. -Vuelves a decir algo tan desagradable como eso y ahí sí que te rompo, pero la cabeza. -Irina, vamos, estás celosa. -No, ¿por qué lo estaría? Me molesta que vengan con intenciones falsas hacia mí, no me gustan los mentirosos, no los quiero ni de amigos. -Mmm, bueno, hay una forma fácil de hacer ver mi inocencia, que no busco a otras. -No me interesa saber nada. -Sé mi novia, así lo digo ante todos y te evitas los celos de que otras quieran irse atrás de mí. -Oye. -Quiero besarte. -¿Por qué tanta insistencia con eso? No lo entiendo, puedes buscar a cualquier chica para besarla si tanto deseas hacerlo. -No, quiero besarte solo a ti. -Pero, ¿por qué? ¿es que llevas mucho sin besar a alguien o qué? -Mmm, calcular el tiempo sería estúpido.-Dijo entre risas, avergonzado y lo miré de reojo. -¿A qué te refieres? -Nunca he besado y sí, sé que probablemente no creas que alguien así de esplendoroso como yo no haya besado, pero… es cierto. -Qué odioso eres. -Es cierto, ¿nos besamos? -¡No! -Está bien, pero cuando seamos novios ahí sí espero mi ración diaria de besos o tendremos problemas. -Ah, creo que mejor no debí comprarte nada. -Es muy tarde para eso.-Dijo entre risas y en lo que siguió de esa mañana no se separó de mi lado de nuevo. A la salida antes del mediodía, salía junto a Andrés, el pelinegro y sus dos amigos, porque por supuesto, después de estos tres días de paz no me dejaría sola por al menos dos años al parecer. Vi a Ricky quién me esperaba afuera de la universidad y me hizo señas apenas me vio, me despedí de todos, pero Alejandro por supuesto, no me iba a dejar marchar tan fácil. Me acompañó hasta el auto y noté la mirada curiosa de Ricky, quién no sabía de la existencia del pelinegro y solo espero que este no haga algún comentario fuera de lugar, porque mis primos son muy buenos para odiar a la gente. Lo saludé chocando puños como siempre, pero Alejandro parecía incómodo de repente y más aún como si quisiera marcar territorio o algo así, ¿qué carajos? Pasó su brazo por mis hombros y me acercó muchísimo a él. -No pues, ¿y a qué hora te hiciste novia de alguien sin avisarnos? Llamaré al Kevin.-Dijo mientras sacaba su teléfono y exhalé. Logré como pude que el pelinegro me soltara. -Él no es mi novio. -Sí lo soy, sería bueno que en tu familia lo supieran. -Cállate.-Me quejé y él me tiró un beso con los labios, exhalé. -¿Y tú quién eres? ¿de dónde saliste?-Preguntó Ricky a la defensiva. -Me llamo Alejandro, soy el novio de Irina.-Afirmó e incluso le dio la mano. -No lo eres. -Oye, pero…-Ricky se detuvo de repente y lo miró de pies a cabeza, lo miraba un tanto… fascinado.-Tienes pinta como de… pupi. -¿Eso qué es? -Tienes pinta de ricachón. -Oh, sí, sé que en mi rostro se me nota la clase. -Mmm, estás bien.-Dijo Ricky con una enorme sonrisa de aprobación y me miró.-Seguiste las reglas que te puse, lo de conseguirte un novio con plata y que no fuese feo al pie de la letra. En buena hora. -No es mi novio.-Corregí, pero hizo oídos sordos al verse fascinado al ver a Alejandro. -Oye, soy Ricardo, pero me dicen Ricky. Soy su primo, aunque somos más como hermanos y sería bueno que Kevin te conociera, es nuestro otro familiar. -Mmm, ¿son solo ustedes tres? -Sí.-Le dije y frunció el ceño. -Pero… puede sonar imprudente, pero… ¿no tienen más familia?-Preguntó y Ricky y yo nos miramos incómodos. -No, no tenemos. Todos nuestros familiares se cayeron al volcán del totumo y se desintegraron, fin.-Dijo esa mentira estúpida y Alejandro frunció el ceño. Creo que más adelante preguntará sobre el tema. -Qué n***o y turbio tu humor.-Se quejó. -Ve al asado del domingo y ahí nos echamos unas frías con el Kevin. -Genial.-Sonrió y luego volteó a verme.-Nos vemos mañana, preciosa. -Ojalá y te atropellen. -Naah, pronostico que en este año no será. -Oye, ¿quieres que te pegue? Hay que tratar bien a los novios, nada de agresividad. -Tú también cállate.-Me quejé y me subí al asiento de copiloto. En el camino hacia la casa, escuchaba la música de la radio, sonaban baladas y estando a unos minutos de llegar, vi que me había llegado un mensaje y sin mirarlo supe de quién se trataba, me escribía el pelinegro, desde otro número, tal vez un quinto teléfono diferente porque a todos los bloqueé el otro día que tuvimos esa discusión sin sentido. Lo abrí y decía: estoy feliz. Sí, solamente decía eso y guardé de nuevo mi teléfono, tratando de no pensar de más en su mensaje.  
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