Nuestras miradas se conectan como si hubiera una fuerza magnética que nos impidiera romper el intenso contacto. Sus ojos son tan atrayentes... —¿Una mujer? —dice él de repente. De inmediato, se me estremece el cuerpo cuando reconozco su voz. ¿Cómo es posible que la haya guardado intacta en mis recuerdos? Aquella noche, apenas pasamos unas cuantas frases y hacen casi dos años, desde entonces. El decano apunta en dirección a otros cuadros con una sonrisa nerviosa e interviene: —Estos fueron pintados por chicos, puede escoger entre los tres el que más le parezca. ¿Qué? La decepción se siente amarga en mi paladar. ¿Acaso este mentor es de esos machistas anticuados? ¿Qué tiene de malo que el artista sea una mujer? —¿Acaso mi habilidad no es lo que importa? —digo sin pensar, captando la a

