Ángel —Si viniste a joderme, ahí está la puerta —suelto sin más y doy un sorbo a mi sidra. —Perdón, señor sensibilidad. Parece que tu alumna no te está atendiendo bien porque traes un humor de perros. Aprieto el vaso con fuerza al recordar a Layla. ¿Qué demonio le pasa a esa chiquilla para que se haya distanciado tanto de mí? Desde hace dos semanas me busca excusas para que yo ni la toque y siempre tiene alguna cosa que hacer. En fin, no sé qué somos ya. ¿Será que se aburrió de mí? No me sorprendería. De seguro lo nuestro perdió el encanto para ella, y yo tan ena... Suspiro... Temía tanto que sucediera esto. Pero soy un jodido imbécil que siempre cae en la trampa. —Oye, siento que estoy hablando solo —me reclama Rodrigo—. ¿Qué te sucede? Que no me sucede. —Nada, solo estoy estres

