«Te amo mucho», es lo que anhelo decir, pero no debo, tampoco me atrevo. Sé que eso lo asustaría y podría arruinar todo lo que he logrado hasta ahora. Así que mejor se lo expreso por medio de la intensidad de mis besos, de este fuerte abrazo que denota la necesidad de él, de su amor. Ángel, ojalá te dejaras amar por completo. Yo te demostraría que tengo más para dar y que no temo entregarme a ti con libertad, porque confío que tú nunca me harías daño. ¿Por qué no haces lo mismo conmigo? ¿Cuál es el motivo para ocultarte de mí? —Por fin solos, pequeña —susurra sobre mi boca. Lo miro a los ojos con añoranza, porque yo también he extrañado estar así con él. No se trata de sexo ni de las ganas que él me provoca, es más que eso. Es su perfume, el calor de su cuerpo, esa mirada que solo perte

