Capítulo 5

1327 Palabras
Un año después... —¿Vaginismo? —repito con asombro. Claudia, una compañera de trabajo, asiente mientras limpia el mostrador. Hacen unos seis meses dejé de trabajar limpiando casas y ahora tengo un empleo haciendo y sirviendo café en una cafetería cerca de la universidad. La paga no es de lo mejor, pero el horario es flexible. Después de que las materias empezaron a ser todas sobre mi carrera, he tenido muchas tareas, lo que me chocaba con el trabajo. —Es lo que me dijo mi hermana. —¿Le contaste mi problema a tu hermana? —Me tenso y la miro escandalizada—. ¿Cómo te atreves a hablar de mi intimidad con otra persona? Te lo conté porque te tengo confianza y necesitaba desahogarme; si hubiera sabido que chismearías sobre el asunto, no te hubiera dicho nada. ¡Qué vergüenza! Ahora tu hermana sabe que no puedo complacer a mi novio. —¡Qué dramática! Mi hermana ni siquiera te conoce. Lo hice a modo de consulta porque ella es psicóloga. Me dijo que lo que tienes es vaginismo. —Saber el nombre de mi problema no me ayudará a resolverlo. —Resoplo con frustración. —¡El primer paso es conocer a tu enemigo! —vocifera como si estuviéramos solas aquí. —¿Podrías hablar bajito? —Frunzo el ceño. —Nadie sabe de qué hablamos. Andas bastante paranoica en estos días. Por cierto, mi hermana trabaja en un hospital público, lo que significa que podrás tomar tu tratamiento sin gastar una fortuna. Ella me dijo que un ginecólogo debe evaluarte también. —¿Qué? No, no, no, no... Yo no tengo eso, es solo que aún no logro superar el miedo que presenciar esa violación me dejó. Pero estaré bien, solo es seguir intentando. Mi amiga resopla y entorna los ojos. —Por eso necesitas ir a terapia. Tienes un trauma; es por eso que no puedes gozar. —Vaya manera de decirlo... —digo indignada. —Piénsalo, Lay. Imagínate poder disfrutarte a ese papito que tienes de novio. Me quedo pensativa. Sería genial poder complacer a Esteban y recuperar nuestra relación. Últimamente hemos peleado más de lo acostumbrado y casi no lo veo. Siempre tiene algo que hacer y es raro que responda mis mensajes o llamadas. Me paso todo el día dándole vueltas al asunto del vaginismo. ¿De verdad necesito ir a terapia? —Señorita Abdo, usted quédese. ¿Ah? Miro al profesor desorbitada y un poco avergonzada. ¿Habrá notado mi distracción? Asiento, asustada y con ardor en las mejillas. Una vez solo estamos él y yo en el aula, camino con timidez en dirección a su escritorio. —Tome asiento, por favor —dice sin quitar la mirada de unos trabajos que evalúa. Me muerdo el labio inferior ante el miedo. ¿Me va a regañar? —¡Felicidades! —dice de repente. Quita la atención de los dibujos sobre su escritorio y me mira con una sonrisa ufana. No entiendo nada, ¿qué sucede? —¿Felicidades? —repito con asombro y confusión. —La academia Art infini abrió una convocatoria de admisión, para estudiantes de arte sobresalientes. Estarán dando algunas becas, que no solo cubrirá las cuotas de las lecciones, también los materiales y el transporte. Lo que significa que te harán un depósito mensual a una cuenta estudiantil. Me quedo alelada ante la información. Me imagino que el profesor Montes me convencerá para que aplique. Sería increíble tener una oportunidad como esa, por supuesto que aplicaré para la beca. El entusiasmo me sube el ánimo que mantuve decaído todo el día. —¿Qué debo hacer para aplicar? —pregunto llena de emoción. —No puedes aplicar, la convocatoria ya cerró. Siento como si el suelo se abriera debajo de mis pies y cayera de forma brusca de vuelta a la realidad. —Si la convocatoria ya cerró, ¿para qué me dice todo esto? No lo entiendo —Pongo mala cara. ¿Acaso el profesor Montes me jugó una broma? ¿Cómo puede burlarse de los sueños de los demás? Él ríe divertido, acción que me confirma que de hecho bromeaba. ¡Desgraciado! —Deja que te dé la información completa y entenderás. —Sonríe como si nada. Lo miro atenta y con ansiedad. Después de calificar algunos dibujos, regresa su atención a mí—. Los estudiantes no aplican para las becas, son los maestros y el decano quienes los escogemos de acuerdo al desempeño y disciplina que muestran en todas sus materias. A nosotros nos permitieron escoger a seis estudiantes. De cientos alumnos de arte, solo seis podrían aplicar para la beca. De esos seis aprobaron a tres. Tú, aunque eres la de menos experiencia, fuiste aceptada, Layla. Ok... ¿Es normal que sienta que mi alma deja el cuerpo? Es que de verdad es lo que experimento ahora, como si flotara en el infinito y me desconectara del mundo real. Debo estar soñando, esto no puede ser de verdad. —¿E-Está seguro? —tartamudeo de los nervios. Todo el cuerpo me tiembla y mi corazón late frenético. El profesor ríe ante mi tonta pregunta y saca un sobre de la gaveta de su escritorio que luego me pasa. Lo sostengo con manos temblorosa y nunca abrir una carta había sido tan difícil. De verdad siento que voy a desmayarme en cualquier momento. Cuando la carta queda libre, me relamo los labios y empiezo a leer. Esta va dirigida al decano y tiene mi información. Unas cuantas palabras que evalúan mi desempeño como un diamante en bruto que ellos se encargarán de perfeccionar y, un gran “aceptada” en grande y de color rojo, es el contenido en el papel y lo que le está dando un gran rumbo a mi vida. Siento las lágrimas mojarme las mejillas y mi respiración se torna caótica. —Di... Dice... —Me limpio el rostro, pero es en vano porque las lágrimas me salen desbordadas de los ojos sin que pueda evitarlo. ¿Se puede ser tan feliz? —Dice que fuiste aceptada, Layla. Desde la próxima semana en adelante, estudiarás arte en la academia Art infini por dos años. Te aseguro que cuando te gradúes, serás una artista plástica completa y bien preparada, aparte de que muchas puertas te serán abiertas. Art infini es una academia prestigiosa y muy famosa; estudiar allí es un honor y una gran oportunidad que debes aprovechar. Lloro de la felicidad. Sé que después me sentiré avergonzada por ser tan sentimental y sollozar delante de mi maestro, pero ahora mismo no me importa. Es que he pasado, por tanto. Y ahora la vida me sonríe con esta gran oportunidad. Mi mamá hubiese estado feliz si estuviera viva. Aunque me causa tristeza no poder celebrar este logro junto a ella, me siento satisfecha de poder cumplir su voluntad y mi gran sueño. —¡Gracias, gracias, gracias! —Le beso las manos al profesor Montes, quien estalla en carcajadas. Segundos después, tomo una servilleta y se las seco, puesto que se las mojé con mis lágrimas. Tonta. ¡Qué bochorno! —Layla, está de más decirte que te comportes, porque eres una joven disciplinada y aplicada; pero en esa academia son demasiado estrictos y perder la beca es más fácil que conseguirla. Aprovecha esta gran oportunidad y represéntanos allí; tu desenvolvimiento y comportamiento les abrirá puertas a otros estudiantes en el futuro. Esta vez nos pidieron seis alumnos para aplicar, mañana pueden ser diez o veinte. —No se preocupe, profesor Montes, no los defraudaré; por el contrario, pondré la universidad en alto y daré lo mejor de mí; se lo prometo. —Estoy seguro de que así será. —Sonríe ufano. ¡¡Ahhhh!! ¡Estoy tan emocionada! Después de agradecerle varias veces al profesor, salgo corriendo del aula para llamar a Esteban y a Claudia. ¡¡Voy a estudiar en una academia prestigiosa!!
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR