Su rostro mojado, con sus mejillas rosadas y esos labios carnosos y sensuales enrojecidos, sumándole esa mirada gris cristalizada, que está rodeada de gruesas y negras pestañas, es la imagen más hermosa que he apreciado en toda mi vida. No creo haber conocido a un chico más apuesto que mi mentor. A veces no me creo que él esté interesado en mí, pero sí, yo me degusto tremendo hombre. —Por momentos me da la impresión de que quieres comerme —bromea él. Es que me he quedado embelesada mirándolo. ¿Cómo es que me gustas tanto, Ángel Lacroff? —No te miro a ti, creído. —Le tiro agua con la mano. —Unjú... —masculla divertido. Por lo menos el semblante le ha cambiado y él luce más animado—. Mejor salgamos de aquí antes de que se nos arrugue la piel. —Se levanta, mostrándome todo su encanto viri

