Como cada lunes, Lacroff y yo nos encontramos en el parque y, media hora más tarde, Maya llega a la casa de él. Aprovechamos ese poquito tiempo para desayunar juntos y hablar un poco sobre asuntos ajenos a las tutorías. En estas últimas semanas, las pocas veces que me he encontrado a Inés aquí ha sido muy incómodo. Ella me trata con frialdad y me mira de forma despectiva, como si yo fuera una cosa asquerosa. Es por esto, que estoy rogando para que ella no esté en casa ahora. —Pequeña, tengo ganas de que nos escapemos juntos. —Lacroff se me acerca tanto que miro por todos lados con nerviosismo. —Estamos en la calle, toma distancia. —Lo empujo, como respuesta, él estalla en carcajadas. —¿Qué vas a hacer el sábado? —pregunta cuando estamos frente a la casa. —Lo mismo de siempre... —Suspi

