El señor Lacroff abre la puerta, luego entra nuestros bultos y los coloca en el piso de madera. Por mi parte, me paseo por toda la sala alelada con tanta belleza. La cabaña es elegante, con decoración campestre y un poco glamurosa. Tiene un toque antiguo y familiar, y los tonos marrones y crema protagonizan su decoración. —Te mostraré el lugar. —Lacroff me abraza por detrás y frota el rostro contra mi cuello, acción que me provoca cosquillas en la piel. Me enseña la enorme cocina, dos habitaciones con sus baños y jacuzzi, un tocador para las visitas y el comedor. En la parte trasera hay una piscina que simula un estanque con piedras y palmas alrededor. Donde empieza el patio hay varios columpios en forma de muebles, también algunas mesas con sillas de hierro pintadas de blanco y con so

