“Supe que ser amado no es nada. Que amar, en cambio, lo es todo”. Hermann Hesse TRES MESES DESPUÉS Emira estaba cansada, un tanto exhausta y, aún así, irradiaba felicidad hasta por los poros. Todo el esfuerzo había valido la pena, cada lágrima, cada gota de sudor, cada grito y cada mínima cuestión habían hecho que el momento perfecto por fin hubiese llegado. Ella miraba a Nía con amor, no podía creer que semejante preciosura de cabello azabache y ojos grises- una pequeña copia suya con los cachetes inmensos y las pestañas largas- había salido de su interior. La puerta sonó y ella gritó un “Pase”. Jordan entró con otra bandeja de frutas y más globos. La habitación estaba atestada. -¿Es en serio, Jordan?- dijo sin poder creerlo. -¿Qué te digo? Tengo muchos conocidos que están aprovecha

