Emira miró hacia arriba intentando contener el aliento, pedirle a Dios las fuerzas necesarias para continuar. -Le pido al cielo poder sanar estas heridas, no sólo las mías, sino la de todos ustedes. Todos perdimos a alguien- barrió la vista por aquel grupo de silenciosas viudas destruidas y llenas de lágrimas- Esta no es sólo la despedida de mi madre, sino de todos esos caballeros que murieron aquel día- tragó grueso- Padres, hijos, abuelos, tíos, hermanos, primos...Esposos…-suspiró- No saben cuánto lamento este sufrimiento que todos llevamos aquí- apuntó a su corazón. Dio un paso hacia el féretro cerrado. - Aunque este dolor no dure para siempre, mamita linda, sé que tú estás marcada para siempre en mi interior, en lo más hondo de mi ser. En mi recuerdo sigues tan hermosa y viva como sie

